Por: Cartas de los lectores

Suicidios

Si bien sabemos que el suicidio se ha convertido en un tema de salud pública, no hay que desconocer las condiciones que cada día llevan a una persona a tomar decisiones tan trascendentales como poner fin a todo sin mas preámbulos.

Quizás el consolante reino de los cielos tendrá injerencia en esto, ¿por qué no?... El hacerle creer a la humanidad, y hablando de Colombia, un país altamente católico-creyente, que la reencarnación nos espera o nos hemos ganado una vida eterna en los cielos nos ha permitido perder el miedo a tomar una decisión.

Según los estudios realizados en los últimos años, diagnostican esta enfermedad como un problema de salud pública que va en aumento y cada vez se multiplica de manera alarmante, pero no debemos desconocer los problemas que aquejan a la humanidad: cada vez son más, y nosotros mismos hemos provocado todo eso. La descomposición social es tanta, que no encontramos ya tan siquiera un motivo gratificante para quedarnos, a algunos ya ni “Dios” nos da consuelo, esperanza o simplemente la humanidad ha perdido la fe en ese “concepto”.

Hablo y me apersono del tema, por que alguna vez estuve en esa posición a raíz de una conjugación de circunstancias de la vida mal sorteadas e incomprendidas y caí en depresión, y no sólo una, muchas veces, pero la última fue quizá la peor, la más marcada y la que me hizo tocar el fondo del asunto y llegar a cuestionarme.

Actualmente soy ateo. A raíz de la pérdida o ligamento de la fe perdí el miedo a la muerte, pero ahora simplemente valoro más la vida. ¿Por qué? Porque sé que no existen mentiras reconfortantes en ninguna religión ni en ningún dios, porque soy consciente de que tengo una familia por la que estar aquí de pie, luchando; porque sé que esta es la única vida que viviré y ya luego no habrá más. Por eso ahora valoro más la vida que antes, porque he aprendido a ser consciente de los problemas tan grandes que aquejan esta humanidad, en especial una sociedad problemática como la colombiana. Y, más que eso, a asumir que estamos solos y los que debemos solucionar estos flagelos tan grandes en los que nos encontramos somos nosotros.

Un factor fundamental, volviendo más al contexto, es el fortalecimiento de la educación para las nuevas e intermedias generaciones. Por qué no incluir en los colegios una clase de psicología que brinde a los jóvenes un espacio más abierto donde puedan entender un poco los flagelos del país y las problemáticas de la vida, donde los motiven a valorar lo que tienen poco o mucho, a vivir felices y tranquilos.

Mario Alexánder Ríos. Pereira.

 

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