Sumercé, ¡están saqueando el páramo, el agua y las raíces!

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El documental Sumercé de Victoria Solano es conmovedor hasta las lágrimas. Toca todos los temas dolorosos del país, de la civilización y del planeta: el agua, la seguridad alimentaria local, la privatización de los páramos, las semillas, las ancestrales luchas campesinas, la corrupción y estupidez de los gobiernos (que han sido la verdadera peste, si les suena esa palabra). El foco de la nueva película de Solano —quien ya había impactado con su documental 9.70 sobre semillas importadas— es el páramo de la región andina y su defensa. Los protagonistas son los hombres y mujeres, jóvenes y viejos de carne y hueso y vida real que han dado la pelea por nosotros, los que bebemos agua, comemos papa y maíz o disfrutamos de la belleza de un paisaje de frailejones, lagos, nieblas y montañas. El escudo en la brega ha sido la ruana, el emblema de las antiguas batallas campesinas por la tierra en estos feudos manejados con una inequidad del Medioevo; y sus armas el azadón, el humor socarrón y la palabra.

El registro de una etapa de la historia inveterada comienza durante el Paro Nacional Agrario en el gobierno de Juan Manuel Santos y su devastadora Locomotora Minera. Tres líderes campesinos, Rosa, Eduardo y César, conscientes de los alcances de las normas que los desplazaban, una vez más, de sus tierras paramunas para entregarlas al turismo o a las empresas extractoras de carbón, emprenden con los medios más precarios y el tesón más grande la desigual pelea electoral para evitar que el desastre neoliberal arrase con sus tierras, sus aguas, sus medios de subsistencia y sus raíces. Durante el desarrollo de la historia, estos “actores naturales”, que no actúan nada distinto de sus cotidianidades sencillas y comunes, despliegan la sabiduría campesina y la pureza de corazones uncidos a la tierra, abiertos y adoloridos, decididos y recios, porque saben, como el refrán, que “el campo sin campesinos existe sin existir”. Así el documental es pedagógico: en tiempos de una pandemia de resultados inciertos, Solano y sus amigos nos recuerdan que sin agua (que nuestros páramos producen a razón de un litro por metro cuadrado de fantásticas esponjas vegetales), o sin alimentos producidos localmente, la sed y el hambre serían nuestro destino nacional, la verdadera locomotora de la muerte y la miseria. ¿Quién quiere comer carbón?

Sumercé, palabra amada por nosotros los de las tierras frías, entre recatada, respetuosa y cariñosa, es un excelente título para este documental que toca el alma. Victoria Solano logra abrirnos los ojos y despertarnos del letargo comodón sin innecesarias provocaciones o “activismos”, con la limpia actitud de un periodismo que de tan veraz parecería sesgado. La realización de Sumercé, apoyada por empresas cinematográficas nacionales y extranjeras que vieron la importancia de estos temas, es una producción sin pretensiones, cuidada, coherente, visualmente bien lograda. La música original de Karandam, Bomba Estéreo y Ché Sudaka es precisamente la que necesitaba el argumento. La película, recién estrenada en Mowies con 18.000 reproducciones y quinientas compras el primer dia, y que podemos ver en sumerce.mowies.com, ya traía su historia de éxitos. El boletín de prensa lo resume: “premio Films 4 Climate, al estar alineada con cuatro de los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU: Por evidenciar de forma clara y sensible la lucha campesina contra decisiones del gobierno que responden a los intereses de las multinacionales, buscando proteger su fuente de trabajo y el fruto de sus tierras”. Y el agüita, sumercé.

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