Por: D. Buenavida

Suna

Le tengo terror a los restaurantes que se cobijan con adjetivos como vegetarianos, sanos, orgánicos o, peor, “saludables”, para tapar sus atrocidades culinarias y despreciar la buena gastronomía.

Este afortunadamente no es el caso de Suna. Según sus dueños, Suna quiere decir en muisca “el camino” y éste, de alguna manera, se transforma en “el camino natural”. Los alimentos están preparados con ingredientes naturales orgánicos, sin químicos ni preservativos. Hago la observación porque para mí es tan natural la carne de res como una zanahoria.

La carta de Suna es balanceada y original, con un sesgo hacia lo vegetariano, pero no pretende excluir a esa gran parte de la raza humana que es omnívora. Cuenta con un buen menú de platos basados en vegetales, pero también con pescados, pollo y carne de res, sin fundamentalismo alimentario.

Ofrece nueve entradas con precios entre $6.500 y $13.500. Con sugestivos platos como “Rollitos silvestres”, cebiches, carpaccios y tartar con recetas originales. Catorce platos fuertes ($11.000 y $27.000) de los cuales cinco son pescados, dos pollos y siete vegetarianos. Cinco sopas. Nueve ensaladas ($9.500 a $14.500), algunas de las cuales suficientes como almuerzo ligero.

Nos reciben en la mesa con un pan integral hecho en casa y un picadito de tomate, albahaca y balsámico, ambos de muy buena factura. Como entrada, un “Cebiche de corvina con maracuyá”, el cual ofrece un perfecto balance de sabor, textura y olor de la corvina con la acidez del maracuyá. “Origami púrpura”, es una entrada compuesta de paté de marañón, entre láminas muy delgadas de remolacha cruda con salsa de cáscaras de zucchini y pistachos. Es un verdadero acierto, delicado y armonioso. Las dos entradas mencionadas son realmente recomendables. Como plato fuerte probamos los “Tagliatelle a la putanesca: buenas pastas hechas con trigo integral”. La salsa es la tradicional, no tiene pierde: anchoas, aceitunas negras, tomates, ajo, aceite de oliva, picante, alcaparras etc. Sabrosa pero no fuera de lo común. Seguimos con “Arroz bengalí” con lentejas al curry y almendras tostadas. Estaba bien… realmente, sin pena ni gloria. Otro plato fuerte que llama la atención es el “Salmón opio” con salsa de corteza de semillas de amapola, miel y sumac (pepitas púrpura usadas como especie en el Medio Oriente, ácidas como el limón), acompañados de rúgula, puré de papa y tomates confitados. Buena receta con dos salvedades: la salsa es deliciosa pero muy poca, y el salmón, muy cocido.

Como postre probamos “Casquitos de guayaba con salsa inglesa” y una especie de mouse de chocolate que llaman torta sin harina. Los casquitos, ricos. Suna cuenta además con una tienda o “delicatessen” con aceites, especies, huevos orgánicos, compota para bebes, una rica mantequilla de maní fresca, vinagres y pastas.

En Suna se come bien. Conjugan la buena culinaria con “comida sana” y cocinan muy bien los vegetales, algo fuera de lo común en estas tierras.

Calle 71 N° 4-47 Tel. 212 372

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