Por: José Fernando Isaza

Súper oficina de mortificación ciudadana

LA GUILLOTINA DE LOS TRES MIL CAracteres cortó la parte final de la columna de la semana pasada. La transcribo:

“Quiero unirme a las felicitaciones al Ejército por el impecable rescate de Íngrid Betancourt y los otros secuestrados por las Farc. Se confirma el dicho popular “Más vale maña que fuerza”. Es el momento de que las Farc y el Eln liberen unilateralmente todos los secuestrados, esta violación al derecho humanitario no tiene justificación ninguna y menos para quienes alegan que aún conservan ideales revolucionarios”.

Mortificación ciudadana. El más sólido enclave de las burocracias son las que deben llamarse oficinas de mortificación ciudadana. Están dispersas y presentes en casi la totalidad de los entes públicos. La función de los sádicos burócratas que las integran, no es cumplir con su deber de prestar un servicio y presumir la buena fe, sino al contrario, complicar los procesos simples y hacer imposible la solución de los otros. Se regocijan viendo y oyendo cómo tienen que madrugar, y a veces no dormir los indefensos ciudadanos que quieren cumplir con sus obligaciones.

Por supuesto el premio mayor se lo está llevando el Ministerio de Protección Social con el cambio de la forma de pago de los aportes a la salud y pensiones. Oí al Viceministro negando la realidad y después aceptando que sí se estaban produciendo inconvenientes, pero que la culpa era de los que no sabían que había varías líneas telefónicas secretas de atención; el colmo fue cuando dijo que el problema se producía porque la gente quería pagar días antes del vencimiento y no el día final. Echó por tierra todo el esfuerzo que se ha hecho para que no se deje todo para el último día. El Ministro brilló por su ausencia, su esfuerzo ha estado concentrado en demostrar lo imposible, el cohecho de una sola vía. Figura similar a la violación unipersonal.

No lejos de esta genial iniciativa, están los cambios de vigencia de los pases de conducción. Durante un corto intervalo, la oficina de mortificación al ciudadano tomó vacaciones y se lograron normas legales que prorrogaban la vida del pase. Al reintegrarse los insensibles burócratas dijeron ¡cómo así, no hay que hacer colas y perder un día renovando innecesariamente la licencia! No podían sacrificar el placer que les produce la incomodidad, de quienes con sus impuestos les pagan su salario. Hoy es casi imposible saber la duración de los pases, o si está prorrogada o no su vigencia.

Los ilustres reguladores del tránsito no se han percatado que un componente de la congestión y la contaminación lo logran prohibiendo innecesariamente cruces y obligando a desvíos de algunos kilómetros. No han pensado que limitar innecesariamente la velocidad de las arterias principales, a topes de vía secundarias, que por supuesto no se cumple, es una invitación a infringir la ley.

La obligación de sacar el pasado judicial para múltiples trámites cuando el DAS no estaba preparado para expedirlos, es otra muestra del desprecio del Estado con el ciudadano. Cuántas personas perdieron la posibilidad de un trabajo y cuántos se sienten humillados por dedicar un día o más a este agobiante trámite. El esfuerzo que dedicó algún subdirector acusado de limpiar la hoja de vida de los paramilitares ha debido emplearse en automatizar el proceso para que los inocentes ciudadanos obtuvieran su documento.

Parece que hay trámites que todavía pueden realizarse sin mucho dolor, como la obtención del pasaporte. Pero no hay que hacerse ilusiones, tarde o temprano triunfarán los sádicos de las oficinas de mortificación.

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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