Por: Catalina Ruiz-Navarro

Superpoderosas contra el patriarcado

La Liga Contra el Silencio denunció la semana pasada que dos integrantes de la selección Colombia sub-17 fueron víctimas de acoso sexual laboral durante las concentraciones previas al Sudamericano del año pasado en Uruguay, por parte del director técnico Didier Luna y del preparador físico Sigifredo Alonso. Alonso fue acusado de acoso sexual por una de las denunciantes, quien es menor de edad.

“Me dijo que quería tener algo conmigo y que podía llevarme a cosas muy grandes en el fútbol”, dijo una de las denunciantes a la Liga. “En la Federación se dieron cuenta de que era tan grave la denuncia que hizo el papá de la jugadora que decidieron sacar al acosador, Sigifredo Alonso, que era el preparador físico. Pero de todas formas quedó el director técnico, un tipo que tenía ciertas actitudes con las niñas, como cogerles la cola e intentar besarlas, escudándose debajo de una figura paternal. Un chantaje psicológico por el cual muchas de ellas no han hablado todavía”. La Liga también confirmó que en la Fiscalía hay “dos indagaciones: una por denuncia de caso de menor de edad y otra de una mayor de edad” por el delito de “acoso sexual agravado”.

Al acoso se suma el maltrato laboral que denunciaron en redes sociales Isabella Echeverri y Melissa Ortiz, futbolistas colombianas exintegrantes de la Selección, quienes cuentan que la Federación no les cubre vuelos internacionales, no les paga a tiempo, les da uniformes viejos y las deja durmiendo en el piso, además de la exigencia de sobornos para entrar en las convocatorias. “Es muy difícil que hablen todas por el miedo de no volver a ser convocadas. Yo llegué a un punto de inflexión en que hablo o hablo, porque no me lo aguanto más sin importar las consecuencias, pero de ahí a que mis compañeras se unan o no a la causa eso no lo tengo claro”, dijo luego Echeverri a El Tiempo.

En respuesta a las quejas, la Federación Colombiana de Futbol tomó la decisión de terminar con la selección mayor femenina. El presidente de Difútbol y vicepresidente de la Federación Colombiana de Fútbol dijo públicamente que las jugadoras eran unas mentirosas: “En los 36 años que llevo de dirigente no he conocido una queja o una denuncia o un reclamo contra los técnicos de las selecciones femeninas”.

La historia de las denunciantes es paradigmática: primero viene el acoso sexual por parte de una figura de poder, ante la negativa, la represalia es el acoso laboral. Ante las denuncias públicas las víctimas son amenazadas y quedan marcadas en el gremio, reduciendo, si no es que acabando, sus posibilidades profesionales. Esta última acción es una advertencia para todas las víctimas que aún no han hecho públicos sus abusos: “Si hablan, esto es lo que les va a pasar”.

Normalmente, cuando estas denuncias aparecen dentro de un gremio —y sucede en todos los gremios— el escándalo es acallado con ese ciclo y tarde o temprano las cosas “vuelven a la normalidad” (la discriminación y violencia de género son esa normalidad) y los agresores retoman su lugar de poder. Pero quizá con las futbolistas suceda algo distinto. En este caso, como acabaron de tajo con la selección, queda la esperanza de que ahora que las futbolistas no tienen nada más que perder se atrevan a hacer escraches de todos los maltratos y acosos que sufrieron. Esa es apenas una esperanza frente al tristísimo desenlace en el que pierde la audiencia y pierden todas las mujeres deportistas en Colombia. La Federación prefirió acabar con el equipo antes que romper el asqueroso pacto de machos que mantiene a unos cuantos en el poder. La selección colombiana femenina de fútbol llegó muy lejos y puso en alto el nombre de este país malagradecido, que solo se pone la camiseta por los hombres.

@Catalinapordios

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2019-02-28T00:00:56-05:00

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2019-02-28T00:15:01-05:00

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