Suplementos literarios

Leyendo la entrevista a Antonio Panesso Robledo, vuelve a irrumpir en los viejos lectores de El Espectador la nostalgia “mayor” titulada Magazín Dominical.

Y pensar que nos alcanzamos a ilusionar con la efímera Página de Libros que salió los viernes durante seis meses, hasta que en abril la suspendieron sin avisarnos (algo así como lo que les pasó a los lectores de Kindle con 1984 de Orwell, versión Amazon, tal como lo relató el pasado viernes Juan Gabriel Vásquez. De paso sea dicho, y disculpen mi atrevimiento, sería un notable director para un futuro Magazín). Ahora que viene una nueva Feria del Libro, qué más quisiera que ver una edición, así sea “extraordinaria”, del Magazín Dominical, combinando una crónica “inédita” de García Márquez sobre sus lecturas “mexicanas” de hoy y artículos de noveles escritores y lectores como mi nieto, asiduo colaborador de esta misma sección.

En la entrevista a Panesso, Ana Restrepo nos recuerda que “los suplementos literarios están agonizando y sus contenidos se banalizan”, y Panneso responde que hay que mantener la cultura, así sea por vías aún más tradicionales, como la oralidad. Estoy de acuerdo, pero al mismo tiempo, no puedo dejar de evocar el Magazín de El Espectador, que me transporta a mis años mozos, como si estuviera de visita en la Tabaquería de Fernando Pessoa. Por último, sólo tengo un reparo: “No guarden el lápiz ni la libreta de apuntes”, mejor diríjanlos a esa utopía llamada Suplemento literario. Muchos Robinsones como yo los estamos esperando.

Aquiles Cuervo. Bogotá.

Memorias deun memorable

Me causó muchísima alegría tener noticias del doctor Antonio Panesso Robledo, con sus bien vividos años, su lucidez. Mi padre me enseñó a amar a El Espectador y en consecuencia a columnistas tan notables como él.

En una de sus columnas recomendó que para escribir, era indispensable tener un diccionario al lado.

Otra inolvidable: desde su niñez, escuchaba que a los antioqueños, cuando les preguntaban ¿quieres ganar dinero?, la respuesta siempre fue: a quién hay que matar.

Comentaba él en su oportunidad, que esas frases hacían mucho daño (era en la desafortunada época de la violencia en Antioquia).

Y yo lo sentí, cuando unos “genios” publicitaron la frase: “Barranquilla es tu ciudad”. En verdad, los barranquilleros siempre actuaban sin ningún compromiso, pues no “era mía” sino tuya.

Con el excelente programa televisivo “Miles de pesos por sus respuestas”, junto con Gloria Valencia de Castaño, hicieron de éste el programa bandera de la televisión colombiana.

Enhorabuena que en las páginas de El Espectador nos hicieron recordar a tan ilustre compatriota.

Amparo del Socorro de la Rosa Contreras. Barranquilla.

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