Por: Jaime Arocha

Supremacía racial blanca

Los críticos de la minga que desarrollan pueblos étnicos del Cauca y Nariño han hecho una gala inédita de racismo. A nombre de los gremios empresariales, Bruce Mac Master no dudó en clasificarlos de secuestradoras de la nación, y al senador Uribe Vélez ni le tembló Twitter para igualarlos con terroristas, ni para sugerir que masacrarlos podría justificarse como efecto de la mano blanda. Pese a las explicaciones que ofreció, quedó flotando en el ambiente que él puede racionalizar la limpieza étnica como la eugenesia.

Más allá de que estas expresiones contrarias a la democracia humanista dependan de que los poderosos sientan amenazados sus privilegios, ¿cómo entender esta explosión racista? En el libro Sapiens, Yuval Noah Harari ata la hominización de nuestra especie a la cultura, consistente en “instintos artificiales” que se adquieren mediante el aprendizaje, uno de cuyos cimientos consiste en la repetición de lecciones. De ellas hay unas que desde la formación de nuestra nación les han reiterado a nuestros antepasados y a nosotros mismos**: habitamos un país consistente, por una parte, en paisajes cálidos y tropicales, los predilectos para que la gente india y negra, a sus anchas, despliegue su supuesta incapacidad para el raciocinio abstracto, hipocresía, libertinaje, malicia, pereza y carencia de iniciativa. Por otra parte, están los Andes temperados, ámbito preciso para el desarrollo de la gente blanca, dizque caracterizada por la finura de su pensamiento, la nobleza de sus actuaciones, su altruismo, patriotismo, capacidad empresarial y productividad.

La repetición didáctica no es exclusiva del salón de clase. Estamos en vísperas de la nueva temporada de Juego de Tronos, cuya audiencia no ha tenido par histórico. Pese a que la inspiran mitologías nórdicas, también recurre a una geografía racializada donde la gente de “color” prefiere las zonas tórridas y ostenta poca inteligencia, pero mucha crueldad y deslealtad, con dos excepciones: Missandei y Gusano Gris, esclavos de Astapor, a quienes manumite Daenerys Targaryen, la blanquísima reina de los dragones. La joven manumitida sabe paleografía y habla 19 idiomas, por lo cual asciende a traductora de Daenerys. Sin embargo, en público figura como sirvienta sumisa, y mientras que Sam Tarly, un joven blanco y sabio, cura la psoriasis que puede matar al noble sir Jorah Mormont, los conocimientos de la negra Missandei permanecen inaplicados. Por su parte, Gusano Gris retiene su nombre para recordar que proviene de los Inmaculados, y pese a que sabe mucho de estrategia, carece de la autonomía necesaria para liderar operaciones militares. Termina por declararle su amor a Missandei, y mediante la endogamia racial queda resuelto el problema de las uniones interraciales.

El 14 de abril millones de televidentes estarán pendientes de las nuevas aventuras de Daenerys, Missandei y Gusano Blanco, sin tener conciencia alguna de que HBO les está troquelando mensajes afines a la supremacía racial blanca, los cuales, a su vez, refuerzan los que hoy aquí elaboran hábilmente manipuladores de redes sociales mediante efectivos dualismos simples, como los de victimarios = adherentes de la JEP; víctimas = enemigos de la JEP. Entonces, es comprensible la preocupación de pensadores como Harari para quienes humanismo, derechos humanos y democracia enfrentan amenazas que no se habían conocido. El racismo explicitado con ocasión de los bloqueos a vía la Panamericana indica que nuestro porvenir es muy afín al de Brasil.

* Bogotano a quien le indignó que su predial apoye una alcaldía ecocida.

** Múnera, Alfonso. 2005. Fronteras imaginadas: la construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX. Bogotá: Planeta.

 

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