Por: Daniel García-Peña

A sus marcas…

Con el lanzamiento del exvicepresidente Joe Biden, ya son 20 precandidatos que se disputan la candidatura del Partido Demócrata para enfrentar a Donald Trump en las elecciones presidenciales de noviembre de 2020.

Es el grupo más numeroso de toda la historia (y aún puede crecer), pero, sobre todo, el más diverso: cinco mujeres, tres afrodescendientes, tres de origen asiático, un latino y, por primera vez, una hindú y un hombre abiertamente gay. Con un lote tan grande y muchas caras nuevas, no es fácil sobresalir.

Algunos lo buscan mediante propuestas programáticas, como la senadora Elizabeth Warren, que propone romper los gigantes como Amazon, Google, Apple y Facebook, o Jay Inslee, que sólo habla del cambio climático. Otros le apuestan a su carisma y discurso, como el senador Cory Booker, afro, vegano y soltero; Julián Castro, latino y exministro de Obama; o Beto O’Rourke, joven tejano con pinta de Kennedy. Y algunos enfatizan su experiencia e historia personal, como la senadora Kamala Harris, exfiscal e hija de inmigrantes jamaiquino e india, o Pete Buttigieg, alcalde de un pequeño pueblo, joven (37 años), gay, cristiano y veterano de guerra.

No deja de ser curioso que, con un elenco tan variopinto que refleja el deseo por la renovación, quienes encabezan las encuestas sean dos hombres, blancos, heterosexuales y de avanzadas edades. Uno de ellos es Biden (76 años), que entra a la carrera como puntero, gracias al alto reconocimiento como coequipero de Obama –la figura más querida del partido– y el apoyo del sindicalismo, tradicionalmente demócrata pero que votó por Trump la vez pasada. El otro es Bernie Sanders (77 años) cuya campaña en 2016 lo catapultó del anonimato al primer plano, casi derrotando a las grandes maquinarias de Hillary Clinton, generando un movimiento con un impacto significativo al interior del partido. Se describe como un socialista democrático y no duda en utilizar el término de revolución. Tanto a Sanders como a Biden les cuestionan sus edades, pero otros señalan que, frente a Trump (72 años), errático e infantil, tener a un adulto o un sabio mayor en la Casa Blanca no estaría nada mal.

De todas maneras, todavía falta mucho. Las primarias, que deciden el candidato o candidata, arrancan en febrero de 2020, primero en Iowa y luego en New Hampshire. Los debates se iniciarán a finales de junio de 2019 y, con tantos aspirantes, se realizarán en dos tandas. Por ahora las encuestas aún son precarias, reflejando más el reconocimiento que la intención de voto.

Un indicador significativo es la capacidad de recoger fondos, ya que las campañas son costosísimas. Las donaciones son reportadas trimestralmente, denominadas las preprimarias. Hasta ahora, Sanders es el líder indiscutible en recaudos, seguido por Biden, Buttigieg, Harris y O’Rourke, en ese orden. La financiación es también materia de debate político. A partir de las campañas de Obama 2008 y 2012 y sobre todo Sanders 2016, las pequeñas donaciones en línea son factor determinante, mientras que las contribuciones de grandes conglomerados generan rechazo; Sanders y Warren han renunciado a recibirlas.

El Partido Demócrata es hoy muy distinto al de 2016, gracias a Trump. Su misoginia ha movilizado a las mujeres; su racismo antiinmigrante, a los hispanos; y sus posiciones antiambientalistas, a los jóvenes. En las elecciones para el Congreso en 2018, fue evidente el giro hacia la izquierda. Todo esto, en principio, favorece a Sanders, aunque en esta ocasión varios de sus exseguidores le disputan ese electorado progresista.

En las primarias participan más los activistas. Algunos temen que escoger a alguien demasiado a la izquierda favorecerá a Trump, quien, adelantándose, desde ya incluye diatribas contra el socialismo en sus discursos. Para muchos, derrotar a Trump es lo más importante y por tanto priorizan la elegibilidad, lo cual puede ayudar a Biden u otro de centro.

Hace cuatro años, la pelea entre Sanders y Clinton fue fea y dejó al partido dividido. Según estudios, 12-15% de quienes votaron por Sanders en las primarias lo hicieron por Trump en las generales. Pero es poco probable que suceda en esta ocasión. Si hay algo que cohesiona a los demócratas, y atrae a mucho independiente, es la obsesión por derrotar a Trump, convirtiéndolo en el gran movilizador del electorado demócrata.

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* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y director de Planeta Paz.

 

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