Por: Cecilia Orozco Tascón

Suspensión del alcalde: ¿quién gana?

A LAS PUERTAS DE UN NUEVO PROCEso electoral, el Polo sufre un golpe mortal con la suspensión del alcalde Samuel Moreno.

Faltan cinco meses para los comicios y de aquí a esa fecha, ese partido no tendrá cómo recuperarse porque para entonces, Alejandro Ordóñez ya se habrá engullido completo al alcalde con su predecible destitución. ¿A quién le cabe duda de que se está deleitando? Por supuesto, Moreno y su desastrosa gestión en materia de moralidad y de gerencia, le sirvieron en bandeja de plata al procurador, abundantes razones. Por arbitrario que parezca nadie cree ya en la inocencia del alcalde, su hermano y sus amigos en el carrusel de la contratación. Estamos de acuerdo también en que el Polo no supo reaccionar a la venalidad de los Moreno ni a los ataques vengativos que nada tienen que ver con la ética, de ese cada vez más despreciable personaje en que se ha ido convirtiendo Gustavo Petro. De paso, no sé por qué no le recuerdan a Petro los esfuerzos que hizo, las reuniones que sostuvo y las fotos que se tomó con Iván Moreno y compañía, para que apoyaran su reciente campaña presidencial. ¿Argumentará que hace un año no estaba enterado de lo que acontecía en Bogotá y de la mala reputación del alcalde y su hermano?

Las consideraciones anteriores no obstan para que repasemos los otros ángulos de esta crisis. Según el exvicepresidente Francisco Santos, de quien se sabe que tiene las más altas fuentes de información, el 22 de noviembre de 2010 Ordóñez tenía lista la destitución del alcalde. El anuncio fue publicado en RCN. Santos le atribuyó a la Procuraduría misma el origen de la noticia. El Ministerio Público desmintió pero la embarrada fue judicial, no periodística porque el tiempo le ha ido dando la razón a Santos. Un mes después, en diciembre, la W, más precisa, aseguró que Ordóñez suspendería al alcalde y que el presidente Santos tenía listo al abogado Néstor Humberto Martínez para reemplazarlo. La primera parte de la “profecía” de la W se cumplió ayer. Esperemos el humo blanco de la Casa de Nariño para ver si también “adivinó” el nombre del sustituto del alcalde mientras llega la destitución cantada por RCN salvo que Samuel Moreno, en un acto mínimo de dignidad, renuncie, decisión que ha debido tomar desde cuando la Corte Suprema —esta sí con argumentos serios— ordenó la detención de su hermano.

Al mediodía del lunes pasado, un día antes de la rueda de prensa del procurador, la charla en los almuerzos capitalinos giraba en torno a la medida de suspensión. “En cuestión de horas, el alcalde estará fuera”, contaron. Por lo visto, Ordóñez y su círculo se placen en ponerle altoparlante anticipado a sus declaraciones. Selectivamente, desde luego, porque el secreto absoluto rodea los procesos de gente con la que él tiene afinidades. Esto es un hecho demostrable.

Mucho más allá de las culpas evidentes de la Casa Moreno, al Polo lo están triturando con el manejo —siempre posible de camuflar— de pruebas, tiempos y medidas. ¿Será casualidad que la Procuraduría haya comunicado el día anterior a la suspensión del alcalde, que abrirá una indagación contra el exministro Andrés Uriel Gallego? ¿Equilibrismo? Bobitos no somos. Al partido de oposición también lo puede fritar el presidente de la República que tiene la capacidad de imponer al sustituto del alcalde. Resultado: pierde la oposición política; pierden los presuntos delincuentes de Bogotá. Siguen libres los mayores corruptos del ámbito nacional y sus cómplices. Gana la alianza política del presidente. Y definitivamente ganan los Nule: van ejecutando punto por punto su estrategia en la Procuraduría y en la Fiscalía.

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