Por: Daniel García-Peña

Sweet Home Alabama

Hay pocos estados en EE. UU. más republicanos que Alabama. La última vez que eligió un demócrata como senador fue hace 25 años y a los dos años se volvió republicano. Hace un año, el republicano Trump le ganó el estado a la demócrata Clinton por casi 2 a 1. Por eso, el triunfo de la semana pasada del demócrata Doug Jones sobre el republicano Roy Moore en la elección especial para elegir senador en Alabama fue una gran sorpresa que no pocos han calificado como histórica.

Moore realizó su campaña siguiendo al pie de la letra el libreto de la campaña de Trump, exponiendo sus posiciones extremas y políticamente incorrectas con total desparpajo, buscando, y logrando, generar el mayor escándalo posible en los medios. Afirmó que los mejores tiempos de EE. UU. fueron durante la época de la esclavitud y que la homosexualidad debería ser ilegal. Para rematar llegó a caballo al puesto de votación. Ante las acusaciones de múltiples mujeres por abuso sexual, Moore, al estilo Trump, negó todo, asegurando que se trataba de “noticias falsas” fabricadas por la gran prensa liberal. Su fracaso fue, por tanto, una derrota para Trump.

Pero también fue un triunfo para los sectores progresistas. Jones no proviene del sector más conservador del Partido Demócrata que antaño solía ganar las elecciones en el Deep South (sur profundo). Como fiscal estatal, Jones enjuició y metió a la cárcel a dos integrantes del Ku Klux Klan por el asesinato de cuatro niñas afroamericanas en la década de los 60. Defiende el aborto y el matrimonio gay, que en una región tan requetegoda se suponía era equivalente al suicidio político.

Nuevos vientos empiezan a soplar en el Deep South. Este año, Birmingham, la ciudad más grande de Alabama, donde hace 60 años nació el boicot a los buses públicos que impulsó el movimiento de los derechos civiles, eligió como alcalde a un joven negro apoyado por Bernie Sanders. Otra gran urbe del sur, Nueva Orleans, escogió, también este año, a una mujer negra progresista como alcaldesa.

El triunfo de Jones tiene otros ingredientes interesantes que pueden marcar tendencias a nivel nacional. La polarización entre las zonas urbanas, que votan por los demócratas, y las rurales, fieles a los republicanos, fue muy marcada. En los llamados suburbios, donde habitan personas adineradas, con educación universitaria, que tradicionalmente votan republicano, ahora lo están haciendo por los demócratas. También fue clave la muy alta participación de los afroamericanos, que hace rato votan por los demócratas, pero no en las proporciones actuales. El inmenso apoyo de las mujeres responde al repudio nacional por tantos acosos sexuales, que finalmente le están costando los puestos a poderosas figuras de Hollywood y a políticos destacados de ambos partidos.

Entre tanto, Trump sigue avanzando con su agenda. Esta semana logrará su primer gran triunfo legislativo con la reforma tributaria más importante en décadas. Si bien es cierto que incluye algunos beneficios para la clase media, los más favorecidos son los superricos, en especial las grandes corporaciones, mientras que las clases bajas se ven perjudicadas, particularmente quienes dependen del gobierno federal para el servicio de salud. Por medio de decretos ejecutivos ha eliminado controles al sector financiero, reducido los parques naturales para facilitar la explotación minera y le dio el visto bueno al oleoducto que atravesará las tierras ancestrales de los indígenas en la frontera con Canadá. En una de las medidas más controvertidas, la semana pasada el gobierno federal eliminó la llamada neutralidad de la red, que les permite a los grandes proveedores manipular o cobrar más por el acceso a los contenidos de internet.

Todo esto está generando fuertes reacciones en contra de Trump por parte de diversos sectores en todo el país, así como un renovado entusiasmo entre los demócratas con miras a las elecciones del año entrante. En juego estarán la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, hoy ambos en poder de los republicanos. Para quitarle el control de la Cámara, los demócratas necesitarían ganar al menos 24 escaños, lo cual no es nada fácil, y en el Senado al menos dos, que aunque suene más alcanzable, es aún más difícil por esas cosas de la geografía de la política gringa.

Es muy temprano para medir el significado de lo sucedido en Alabama. No hay que perder de vista que Moore era un pésimo candidato, demasiado estrambótico y cuestionado, aun para una de las regiones más conservadores del país. Pero sin duda, algo especial sucedió. Ojalá sea señal de que el más grande logro de Trump termine siendo la movilización de los sectores más progresistas, para que la pesadilla de su gobierno para EE. UU. y el mundo sea más corta que larga.

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