Por: Fernando Araújo Vélez

Tacones gastados

Llevaba 20 días y miles de vueltas alrededor del Nou Camp, que hubiera podido ser el Santiago Bernabéu, el Vicente Calderón o el Sánchez Pizjuán, cualquier estadio español.

Todas las mañanas, antes de las ocho, sacaba sus carteles y caminaba. “Cinco millones de desempleados”, decía uno. “Un cuarto de los españoles sin trabajo”, decía otro. “Dos millones de familias paradas”, decía uno más.

La muchacha alternaba sus proclamas cada 100 pasos, luego exhibía una pancarta más grande, sobre fondo azul y rojo a rayas, con los rostros de Messi, Iniesta, Xavi Hernández y Gerard Piqué, y una pregunta: ¿Ustedes se han enterado? Al final de su rutina desenrollaba una especie de bandera blanca con signos de dólares revueltos, cifras diseminadas y nombres y apellidos, como en un juego de adivinanzas. Messi, Piqué, 1’000.000 al mes, Gerard, Hernández, 39.000 por día, Xavi, 500.000, Iniesta, Alves, 30 millones...

En las noches caminaba por Las Ramblas, de falda y tacones, esperando un milagro, siempre un milagro que jamás llegaba, todas las noches un milagro que ella misma ignoraba. El milagro de un hombre con empleo, tal vez eso, sólo eso, nada más que eso, o el milagro de un lejano tío que le hubiera dejado en herencia una casucha en cualquier pueblo, como en las películas. Así ha pasado los últimos 20 días. Gastándose los ahorros, protestando por lo que nunca va a cambiar, preguntándose por Dios y la justicia, recorriendo calles con los tacones cada vez más gastados.

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