Por: Marcela Lleras

Tal para cual

EL JUEVES VEINTIDÓS DE JULIO, por petición de Colombia, se reunieron los embajadores de la OEA para oír las denuncias sobre campamentos de las guerrillas colombianas en Venezuela.

Hacia mediodía, en el noticiero de CNN, sale Hugo Chávez con Maradona, rompiendo relaciones con Colombia. A mí se me fueron las luces y pensé que estaba viendo el noticiero NP& con los reencauchados. Qué espectáculo tan absurdo y grotesco. Chávez con un pocillo de café, sin plato, Maradona con un vaso de agua en la mano, asintiendo con la cabeza, como un muñequito de taxi, a toda la verborrea de Chávez. Pero no menos chabacana estuvo la presentación del embajador de Colombia en la OEA, Luis Alfonso Hoyos, que entre otras cosas fue a parar de embajador porque le quedó grande el manejo de Acción Social y particularmente de Familias en Acción. En Colombia se ha vuelto costumbre que la OEA sea el recipiente de todos los que están enredados dentro del gobierno. La presentación de Hoyos fue vulgar. Poco fina intelectualmente. Además, Hoyos se metió en temas internos de Venezuela, que no eran del caso. El embajador Chaderton de Venezuela, viejo zorro de la diplomacia, que baila al son que le toquen, estuvo sarcástico, luciendo su conocimiento de las revistas de chismes de modelos. Bastante bobongo e hizo intencionalmente caso omiso de las acusaciones de Colombia.

No es extraño que Chávez permita campamentos de guerrillas colombianas en su suelo y tampoco que las proteja, y desde hace mucho tiempo. Lo que resultó extemporáneo fue la queja de Colombia: el Gobierno dice tener pruebas —también habrá que verificarlas—, entonces ¿por qué no utilizó la diplomacia bilateral y, si era necesario, acudir a la mediación de un país amigo para presentarlas a Venezuela? ¿Para qué llevar estas quejas a la OEA, si este organismo no puede verificar nada sin el consentimiento de los países involucrados? ¿O era para hacer un show mediático? Si era así, entonces el gobierno debería haber puesto un embajador ad hoc que lo hiciera con más calidad y altura que Hoyos. ¿Por qué en el momento en que el presidente electo está tratando de conciliar y apagar los ánimos encendidos, Uribe no se aguantó unos días, para que Juan Manuel se encargara de este tema? ¿Qué estará tapando?

En definitiva, Uribe y Chávez son muy parecidos: peleones, autócratas, deslenguados, furiosos, populistas, por eso las relaciones entre los dos son como son, y repercuten en los países. Las diferencias radican en el estilo: Uribe es de las montañas de Antioquia, más torvo, y el otro es del mar Caribe, más desabrochado. A Uribe le tocó irse porque en Colombia todavía hay instituciones serias. Chávez sí se va a quedar.

A partir del 7 de agosto vamos a pasar la página. Y con Juan Manuel y su canciller, que saben que la diplomacia tiene sentido y canales y que hay que aplicarla, existen muchas posibilidades para que las relaciones, por el bienestar económico, comercial y fronterizo de los dos países, vuelvan a tener cierta armonía.

 

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