Por: Humberto de la Calle

Talante liberal

LA MANIFESTACIÓN DEL PASADO jueves tiene un gran significado. Es una experiencia fuera de lo ordinario. Desde mi generación, no habíamos podido presenciar una movilización de ese tamaño, que no terminara en graves desórdenes.

Este resultado fue posible gracias al talante liberal del Gobierno. Talante liberal es una expresión que no tiene linderos partidistas y que se aplica a los ministros que hacen parte de la unidad nacional, cualquiera sea su origen.  En efecto, tanto el Gobierno, como la Policía, aseguraron que se trataba de una expresión legítima en una democracia. Por su lado, los organizadores —sindicatos, estudiantes— también contribuyeron, con pocas excepciones, al desarrollo civilizado de la jornada.

Al talante liberal contribuyen dos ingredientes. El primero, ya se dijo, una actitud tolerante, respetuosa de las ideas ajenas, muy lejana de la manera pendenciera de los últimos tiempos. Pero, por otro lado, se agrega a esto cierto acento progresista en la acción política. La propuesta agraria es bastante simbólica. Desde el estancamiento de la reforma agraria en el Acuerdo de Chicoral, no había una agenda tan clara para lograr suturar las heridas del campo. Más o menos hemos sobrellevado una división sobre el manejo de la cuestión agraria. Por un lado, quienes creen que la redención del campo depende de la puesta en marcha de grandes empresas agroindustriales. Y en el otro extremo, aquellos que piensan que la prioridad está en el reconocimiento de derechos de los campesinos, pisoteados por la intimidación y la violencia sin que esto signifique abandonar la redención del campo. El Gobierno entiende que la prioridad está aquí y el papel del Ministro de Agricultura, perteneciente al Partido Conservador, le ha implicado un valiente compromiso personal.

Otro conservador, el Ministro de Hacienda, ha limitado muchas de las gabelas que habían favorecido al sector empresarial. En deducciones tributarias eliminadas, hay en juego 1,8 billones de pesos. El proyecto de regalías es ampliamente redistributivo. La eliminación de la evasión del cuatro por mil producirá importantes rentas nuevas.

El tratamiento de las relaciones exteriores ha logrado sacarnos de un torbellino de diatriba terriblemente nocivo. No porque haya que bajar la guardia frente a amenazas a nuestra seguridad provenientes del otro lado de la frontera, pero sin necesidad de meter a Colombia en un lamentable aislamiento internacional.

En este campo, persiste el deseo de avivar la camorra. La reciente discusión sobre la extradición del señor Makled fue una muestra de esta tendencia. Pero sucedió que se equivocaron quienes avizoraban una especie de ruptura con el gobierno norteamericano. Santos alegó que definiría esto con sujeción estrecha al dictamen jurídico e insinuó, desde el propio suelo norteamericano, un día antes de su encuentro con Obama, que Makled iría a Venezuela. Ni se alteró la agenda ni se canceló el anuncio del nuevo impulso al TLC.

Lo verdaderamente misterioso es que, pese a cambios tan significativos, tanto Santos como Uribe mantienen altísimos niveles de favorabilidad.  ¿Hay una especie de esquizofrenia en la política colombiana?

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