Por: Juan Pablo Ruiz Soto

¿Tamaño ideal de una megaciudad-región?

Todos entendemos por qué en el siglo pasado la gente migró espontánea y masivamente de zonas rurales a urbanas y por qué nosotros mismos vivimos en la ciudad.

La pregunta para este nuevo siglo es cómo debemos planificar la ocupación del espacio en el territorio nacional y el crecimiento urbano. El crecimiento poblacional, la disponibilidad de recursos naturales y la degradación ambiental obligan a definir una estrategia en este aspecto.

Surgen dos preguntas claves: ¿Qué tanto puede intervenir una adecuada planificación nacional, regional y local en la dinámica poblacional y su distribución? ¿Cuál es el tamaño ideal de las grandes ciudades para que sean eficientes, competitivas, alberguen ciudadanos con buena calidad de vida y sean ambientalmente sostenibles?

Especialistas urbanos de la banca multilateral afirman que ellos nunca hablan de evitar el crecimiento de las ciudades, que el crecimiento va a seguir y que el punto es cómo manejarlo mejor. Dicen que esto es así porque todos quieren ir a las ciudades donde encuentran mejores oportunidades y, en países democráticos, no se le puede negar a nadie su derecho a emigrar. Los ambientalistas consideramos que aspectos locales relacionados con infraestructura, geografía, agua, vientos y características de la industria, entre otros, definen los límites saludables de crecimiento urbano.

El debate está planteado; y no solo por los ambientalistas. El papa Francisco cuestiona en su encíclica (p. 10) las megaciudades y, haciendo referencia a la disponibilidad de recursos, dice: “La provisión de agua permaneció relativamente constante durante mucho tiempo, pero ahora en muchos lugares la demanda supera a la oferta sostenible, con graves consecuencias a corto y largo término. Grandes ciudades que dependen de un importante nivel de almacenamiento de agua sufren períodos de disminución del recurso, que en los momentos críticos no se administra siempre con una adecuada gobernanza y con imparcialidad...”. Un ejemplo importante de déficit hídrico, que incluso devalúa el valor de la finca raíz, es São Paulo (Brasil).

En referencia a temas sociales el papa dice: “También es cierto que la carencia extrema que se vive en algunos ambientes que no poseen armonía, amplitud y posibilidades de integración facilita la aparición de comportamientos inhumanos y la manipulación de las personas por parte de organizaciones criminales. Para los habitantes de barrios muy precarios, el paso cotidiano del hacinamiento al anonimato social que se vive en las grandes ciudades puede provocar una sensación de desarraigo que favorece las conductas antisociales y la violencia”. (p. 47) Esto lo vivimos de manera evidente en Bogotá.

El papa agrega: “Es importante que las diferentes partes de una ciudad estén bien integradas y que los habitantes puedan tener una visión de conjunto, en lugar de encerrarse en un barrio privándose de vivir la ciudad entera como un espacio propio compartido con los demás”.

Estos interrogantes nos demuestran que no solo los ambientalistas estamos preocupados con el tamaño de las megaciudades, sus costos y límites ambientales. Hay temas sociales muy importantes que exigen planeación e intervención gubernamental. Dado el crecimiento poblacional y su movilidad, Colombia y Bogotá en particular deben hacerse estas preguntas.

 

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