Por: Luis Eduardo Garzón

También los pies

DE TODO COMO EN BOTICA. HAY PAra todos los gustos; neouribistas, como Germán Vargas Lleras y Sergio Fajardo. Antiuribistas a medias, como César Gaviria. Y radicales, como Rafael Pardo y Gustavo Petro. Los primeros ampliarán su lista en la medida en que su jefe tome posición, pero no han descuidado lo que llaman en la seguridad democrática, la avanzada.

Luis Carlos Villegas, jefe de campaña de Juan Manuel Santos, dice lo que su candidato no puede decir públicamente: no a la reelección. El Ministro del Interior se consigue una comisión de notables con mayoría ideológica afín a él, para que le hagan una reforma política que en el futuro se apellide Holguín Sardi, que así no reforme nada, por lo menos justifique su paso por el gobierno de la U. En temas como la seguridad no hay ninguno que vacile frente a las Farc. Ni un centímetro de concesiones y, por el contrario, mayor radicalidad para confrontarla. En el resto, nadie conoce lo que proponen. Y creo que, para los que no compartimos la trielección, no basta con un discurso anti-Uribe, que de por sí ya genera una gran pasión, sino saber a qué atenernos en cuestiones que desafortunadamente se han diluido en medio de tanta trivialidad.

Por ejemplo, si bien el narcotráfico ha sido combatido con la extradición, el decomiso de cargamentos y extinciones de dominio, lo cierto es que el consumo sigue aumentando, no disminuye la producción y sigue siendo un estimulante como generador de violencia. Seguimos haciendo el sacrificio, mientras que la farándula francesa se goza las excentricidades de Carla Bruni. Por otra parte, la situación económica del país no tiene una sola tendencia al optimismo. Revaluación desbordada, exportadores que así se les subsidie ya no aguantan más, desaceleración de la economía y, para completar, un significativo incremento en el costo de vida. Asimismo, en política internacional no podemos menos que congratularnos con los anuncios de que todo tiende a mejorar con Ecuador y Venezuela, pero de ninguna manera se pueden esconder las falencias de un gobierno que en esta materia ha confundido a Titiribí con Washington, pensando que jugando solamente con los republicanos se puede hacer una agenda con los Estados Unidos y, además, menospreciando cualquier escenario latinoamericano de confluencia, tal y como acaba de suceder con la iniciativa del presidente Lula de crear el consejo suramericano de seguridad. Y qué decir de la pobreza. Salvo contadas ciudades que la han visto disminuir, ésta sigue teniendo actores tradicionales y nuevos, como el desplazado, que crece y crece sin que exista un diseño de una política que, más allá de volverlos parte de un indicador económico, se conviertan en verdaderos sujetos de derechos.

Y en cuanto a la paz; desmovilizados muchos de los paramilitares de las últimas dos décadas por parte de este gobierno, ahora emergen grupos que, llamémoslos como se llamen, son bandas de asesinos y persiguen el mismo objetivo que los de antaño: defensores de derechos humanos, opositores y sindicalistas. Igualmente, debe establecerse qué sigue con la guerrilla. Aniquilamiento o salida decorosa. Es incuestionable el éxito del Presidente en el debilitamiento tanto de las Farc como del Eln. Pero seguimos sumando bajas o el Estado es capaz de conducir una agenda de paz. Y sin volver a hablar de Caguanes, lo cierto es que se impone que quien lidere un nuevo gobierno exprese a qué estaría dispuesto para finalizar esta cruenta guerra.

No hay duda de que, a diferencia de otros países de América Latina, en Colombia los liderazgos abundan. Nadie es imprescindible para dirigir los destinos del país. Pero con los retos públicos existentes, es fundamental que quien se lance, seduzca a los ciudadanos con agendas que vayan más allá de si se es continuista, o no. No hay que mover solamente las manos, también los pies.

 

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