Tan aviones

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Hace cuatro meses escribí aquí una columna que titulé “Caso Airbus: un déjà vu de Odebrecht”, en la que daba cuenta del escándalo de corrupción que involucraba a la gigantesca multinacional Airbus, principal compañía fabricante de aviones del mundo, junto con algunos de sus clientes compradores de aviones, léase aerolíneas.

Ese monumental escándalo de corrupción, que llevó a la multinacional Airbus, incluso, a firmar acuerdos de culpabilidad (plea agreements) con varias autoridades de Estados Unidos, Reino Unido y Francia, y a pagar una penalidad cercana a 4.000 millones de dólares, tiene también como protagonista a Avianca, con quien, tristemente, los colombianos alzamos la mano para decir presentes, como también ocurrió en el escándalo de Odebrecht cuando el Grupo Sarmiento puso su cuota en el soborno al viceministro de Transporte para la adjudicación del millonario contrato de Ruta del Sol 2.

Frente a este caso, la Fiscalía allanó las instalaciones de Avianca, se anunció que se llegaría hasta las últimas consecuencias y, por supuesto, Germán Efromovich, el dueño y alto directivo de Avianca, salió a grito herido a decir que esos hechos de presunta corrupción no involucraban ni a Avianca ni a nadie de su organización.

Hace pocos días, los dueños de Avianca volvieron a ser noticia. Los medios de comunicación dieron noticia de la captura en Brasil de los hermanos José y Germán Efromovich en el marco de la mundialmente conocida operación Lava Jato, que ha tocado a la crema y nata del poder político y empresarial en Brasil, en este caso, también por la entrega de coimas para la adjudicación de contratos estatales.

Y para completar, hace pocos días, el gobierno de Iván Duque anunció el préstamo de $1,4 billones de pesos (370 millones de dólares) a Avianca como ayuda estatal a esa empresa por los efectos nocivos que a ella le ha dejado esta pandemia, lo cual además de ser glosado por varias razones, muchas de ellas relacionadas con el hecho de que las ayudas estatales no llegan a los demás empresarios sino a Avianca, constituye sin duda un mensaje complejo, enrarecido y poco consecuente de cara a la lucha contra la corrupción, que no es otro que prestarle dinero a una empresa vinculada a grandes hechos de corrupción internacional, así como algunos de sus funcionarios y accionistas.

Definitivamente, el gobierno de Iván Duque da muestras, día tras día, de complacencia y benevolencia con personas sancionadas, investigadas o acusadas de corrupción. Primero trató de beneficiar a Luis Carlos Sarmiento, el controversial constructor y banquero en la corrupta Ruta del Sol 2, cuando le quiso regalar $1,5 billones a los bancos de Sarmiento en una conciliación sacada del sombrero, que gracias a la presión social logró evitarse, y ahora le presta cuasi idéntica suma a Avianca ($1,4 billones), precisamente en el momento en que su dueño Efromovich fue capturado en Brasil por cuenta del escándalo de Lava Jato y a pocos meses de estar involucrada en el escándalo de Airbus.

Ya no solo somos campeones mundiales de la corrupción, sino también prestamistas de recursos públicos a los corruptos. ¡Tan aviones!

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