"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 5 horas
Por: Thomas L. Friedman

Tan popular y tan débil

SE HA DERRAMADO MUCHA TINTA en las últimas fechas lamentando la declinación de la popularidad estadounidense por todo el mundo bajo la guía del presidente Bush.

Los sondeos nos dicen que China es más popular en Asia que Estados Unidos, al tiempo que hablan de cómo muy pocos europeos dicen identificarse con Estados Unidos. Tengo la certeza de que hay verdad en estas encuestas. Deberíamos habernos desempeñado mejor en Irak. Si Estados Unidos preside sobre Abu Ghraib y la Bahía de Guantánamo, merece ver los pulgares hacia abajo.

Sin embargo, Estados Unidos no es y nunca ha sido solo acerca de esos aspectos, razón por la cual yo también considero que los resultados de estas encuestas son autocomplacientes, un acto reflejo y rayano en la tontería. La votación sobre Zimbabue en Naciones Unidas, el viernes pasado, me recordó por qué.

Quizá tanto a los asiáticos y europeos, como a latinoamericanos y africanos, no les agrade un mundo tan lleno de poderío estadounidense; “Mr. Grande” se volvió un poco excesivo para ellos. Pero, ¿qué les parecería un mundo de muy poco poder estadounidense? Con las tropas y los bancos estadounidenses bajo intensa presión, ese es el mundo al que, quizá, nos estemos dirigiendo.

Bienvenidos a un mundo en el cual hay demasiado poder ruso y chino. Yo no soy un duro crítico de Rusia o de China. Sin embargo, hubo algo verdaderamente sucio con respecto a los vetos de Rusia y China sobre el esfuerzo encabezado por Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con miras a imponer sanciones específicas en contra de la camarilla gobernante de Robert Mugabe en Zimbabue.

Estados Unidos propuso una simple resolución del Consejo de Seguridad, pronunciándose por un embargo de armas en contra de Zimbabue, el nombramiento de un mediador de Naciones Unidas, aunado a restricciones sobre los viajes y las finanzas del dictador Mugabe y 12 oficiales militares de alto rango y funcionarios del gobierno por el robo de las elecciones de Zimbabue y, esencialmente, robarse un país entero a plena luz del día.

En la primera ronda de la elección zimbabuense, efectuada el 29 de marzo, el líder de la oposición, Morgan Tsvangirai, ganó casi 48% de los sufragios, en comparación con 42% para Mugabe. Esto impulsó a Mugabe y sus secuaces a lanzar una campaña de asesinato e intimidación en contra de partidarios de Tsvangirai que, con el tiempo, obligaron a que la oposición se retirara de la segunda ronda electoral sólo para mantenerse vivos.

Incluso, antes del desempate electoral, Mugabe declaró que él no haría caso de los resultados si perdía su partido, el ZANU-PF. O como lo expresó él mismo: “No vamos a renunciar a nuestro país debido a una mera X” en una boleta electoral.

Y así, por supuesto, Mugabe “ganó” en una de las elecciones robadas de manera más flagrante en la historia; en un país de por sí empantanado en el mal gobierno, desempleo, hambre e inflación. Aproximadamente 25% de la población de Zimbabue ya se refugió en Estados vecinos. (Tengo buenos amigos de Zimbabue, y una de mis hijas trabajó ahí en un centro comunitario para VIH-Sida, en el mes de enero.) Prensa Asociada (AP) informó en mayo, desde Zimbabue, “que la inflación anual aumentó este mes a 1,063,572, con base en los precios de la canasta de productos básicos”. La divisa de Zimbabue se ha devaluado a grado tal, explicó AP, que “una hogaza de pan actualmente cuesta lo que costaban 12 automóviles nuevos una década atrás”.

No tiene importancia. Vitaly Churkin, el embajador de Rusia ante Naciones Unidas, argumentó que las sanciones que se buscaban, las cuales tanto Estados Unidos como otros querían imponerle a la camarilla de Mugabe, excedían el mandato del Consejo de Seguridad. “Nosotros creemos que ese tipo de prácticas es ilegítimo y peligroso”, dijo, describiendo la resolución como un “esfuerzo más obvio por llevar al Consejo más allá de las prerrogativas de su constitución”. ¡Veto!

La campaña de asesinato e intimidación por parte de Mugabe no fue considerada “ilegítima y peligrosa” por Churkin, tan sólo la resolución de la ONU enfocada a detenerla era “peligrosa e ilegítima”. Qué vergüenza. En tanto, será el país anfitrión de la Olimpiada, celebración de espíritu humano, al tiempo que defiende el derecho de Mugabe a pisotear el espíritu de su propio pueblo.

Pero, cuando se trata de una corrupción moral pura y rancia, nadie puede superar al presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, y su marioneta en Naciones Unidas, Dumisani Kumalo. Ellos han hecho todo lo que está en su poder a fin de impedir cualquier presión considerable de Naciones Unidas sobre la dictadura de Mugabe.

Como informó el New York Times, el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Zalmay Jalilzad, “acusó a Sudáfrica de brindarle protección al ‘horrendo régimen en Zimbabue’, clamando que esto era inquietante en particular, dado que fueron precisamente las sanciones internacionales de tipo económico las que echaron por tierra el gobierno segregacionista de Sudáfrica, el mismo que había oprimido a la población negra de este país”.

Así que, acuñemos el Mandato Mbeki: Cuando los blancos persiguen a los negros, ninguna cantidad de sanciones de la ONU es demasiado. Y cuando negros persiguen a negros, cualquier cantidad de sanciones de Naciones Unidas es demasiado.

Lo cual me lleva de vuelta a Estados Unidos. Perfectos no somos, pero Estados Unidos aún tiene un poco de determinación moral. Hay farsas que no vamos a tolerar. La votación de la ONU sobre Zimbabue demuestra que eso no es cierto para estos “populares” países –llámese Rusia, China o Sudáfrica–, los mismos que tienen algún problema en ponerse del lado de un hombre que está pulverizando a su propio pueblo.

Así que, sí, los estadounidenses ya no somos tan populares en Europa y Asia. Supongo que ellos preferirían un mundo en el cual Estados Unidos fuera más débil, donde los dirigentes con los valores de Vladimir Putin (el presidente ruso) y Thabo Mbeki tuvieran mayor voz, y donde las desesperadas voces por el cambio en Zimbabue, bien, pues sencillamente se aplacaran.

* Ganador de su tercer Premio Pulitzer a comentarios editoriales en 2002 por sus columnas en ‘The New York Times’. c.2008 - The New York Times News Service

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