Tapar el sol con el fútbol

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Importante recordarle a la triste hinchada colombiana que vivimos en un país donde el desempeño de la selección Colombia es absolutamente irrelevante comparado con la realidad que enfrentamos cada día. Realidad que además ha empeorado durante los últimos años (después de sentir una pequeña esperanza) gracias al precario desempeño del Gobierno actual y a la pandemia, que en muchos aspectos ha sido mal manejada. Desenterrar la cabeza y afrontar la infinita lista de tragedias de nuestro país es duro, y una o dos simples derrotas del equipo de fútbol colombiano ayudan a poner las cosas en perspectiva.

En lo que va del año llevamos 76 masacres, sin contar a los líderes sociales asesinados y a las personas que ni alcanzan a salir en las noticias. En una nación que hace pocos años firmó un Acuerdo de Paz, es inaudito que no podamos proteger la vida de nuestros ciudadanos. Entretanto, medio país está inundado y ese medio obviamente es el olvidado, el más pobre, el más necesitado: el Chocó, la Guajira, los barrios marginales de Cartagena, de Cúcuta… y la lista continúa. No aprendimos nada del invierno del 2010. Se invirtieron millones en estudios y planes de mitigación que no se implementaron y por eso estamos en las mismas condiciones del fenómeno de La Niña de hace una década. Para completar, un huracán destruyó uno de nuestros más preciados paraísos: Providencia. Habrá que ver cómo se reconstruirá y en cuánto tiempo, pues nuestra trayectoria en este tipo de gestiones deja mucho que desear. Como siempre, el Estado no cuenta con recursos para la reconstrucción, entonces pide donaciones, mientras el Gobierno decreta días sin IVA que ayudan a pocos y dejan importantes huecos en el recaudo fiscal.

Adicionalmente, la pandemia y su manejo nos dejaron sumidos en tal recesión, que algunos economistas la consideran el choque más fuerte que ha tenido que enfrentar la economía en su historia. Numerosas familias colombianas pasaron de comer tres a dos comidas al día, muchos regresaron a la pobreza extrema y la clase media, que tantos años nos ha costado fortalecer, se empobrece cada día más; en términos sociales, será una dura tragedia que esta generación y la que sigue tendrán que soportar. Para rematar, cabe recordar que los niños colombianos llevan un año desescolarizados, que aquellos que vuelvan (tristemente no serán todos) tendrán grandes vacíos en el proceso de aprendizaje que difícilmente se lograrán compensar, y que el impacto emocional por las realidades vividas, el encierro, el maltrato, el miedo, los marcará el resto de sus vidas. Esa generación, ya con muchas desventajas, es la que tendrá que enfrentar la realidad de siempre, agravada por la crisis generada en la pospandemia.

Sé que afirmar que el fútbol y sus resultados son absolutamente irrelevantes es muy impopular en un país donde ese deporte nos anestesia y nos produce falsas ilusiones: si el fútbol va bien, lo demás no importa. Soy fan, no soy indiferente y me duele (cada vez menos) cuando la selección pierde, pero, ante esta realidad, confieso que las duras derrotas de los últimos dos partidos hasta un fresco me produjeron. A ver si por fin los colombianos dejamos de tapar el sol con el fútbol, apegándonos a victorias que en el fondo nada cambian, y nos despertamos porque vamos mal, mucho peor que la selección Colombia.

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