Por: Cartas de los lectores

La tarea que viene

Ganó el respeto, perdió el dedo señalador. Entre la opción paz o guerra, ganó el domingo la primera, dejando en segundo plano todas las demás consideraciones sociales, económicas, políticas. De ahí que este sea el momento para que las Farc y el Eln den eficaces avances para finalizar este proceso. No sería aceptable prolongar los diálogos con el peligro de que se agote la fase Santos II, porque ya se vio el peligro en que estuvo el proceso de paz cuando se cernió en nuestro firmamento el fantasma guerrerista Uribe-Zuluaga.

Al calor del triunfo se expresa hoy que Santos también debe incluir a Uribe en las negociaciones de paz. Este sería el peor error, pues ya se votó y se ganó a favor del modus operandi de Santos y en contra del modelo Uribe. ¿Qué haría Uribe distinto de disolver lo hecho, de desmentir y tergiversar lo ya pactado, de romper el delicado tejido que los negociadores han podido construir en estos 18 o 20 meses? Uribe tendrá tribuna en el Senado, posee su bancada, podrá hacer control político del proceso y comportarse a la altura de esa instancia, y esto es suficiente.

Santos debe dedicarse a gobernar y a demostrar con hechos que no nos equivocamos apoyándolo. Si con alguien debe compartir los diálogos de paz es con quienes se sumaron a su campaña de reelección: los sindicalistas, los taxistas, los LGBTI, las mujeres, las víctimas, los partidos y dirigentes que lo apoyaron. A ellos les debe este segundo aliento y es con ellos con quienes debe gobernar: necesitamos “una paz militante”, al decir de César Rodríguez Garavito (El Espectador, 06/17/14).

Muchas de las tareas que quedaron pendientes de la fase Santos I no requieren siquiera pasar por el Congreso; con un decreto presidencial se viabilizarían ajustes a la educación, la salud y los impuestos. Profundizar y apoyar desde el alto gobierno la restitución de tierras, crear mesas de promoción de sus políticas que lo acerquen a la población, echar mano de dirigentes como Clara López, Antanas Mockus, Piedad Córdoba, para adelantar políticas descentralizadas de beneficio a las clases más necesitadas, desde institutos o secretarías con verdadero apoyo desde Presidencia, dinamizarían el esquema político-clientelista que se acostumbra y ha hecho crisis.

Remover la gran mayoría o la totalidad de los ministros, empezando por los más incómodos (Pinzón y Lizarralde), acercarse a las Fuerzas Militares, darle al vicepresidente facultades para continuar con el programa de viviendas gratuitas acompañado de la dotación de acueductos a las poblaciones más deterioradas. Crear un programa de recuperación de poblaciones altamente golpeadas por la violencia (Buenaventura, Urabá en general).

 

Gloria Inés Upegui Valencia.
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