Por: Mauricio Botero Caicedo

Tareas pendientes

Este domingo los colombianos vamos a elegir el presidente de Colombia por los próximos cuatro años.

En este artículo se han escogido tres sectores prioritarios que el nuevo gobierno debe enfrentar:

Educación: la educación en Colombia, como la pusieron en evidencia las pruebas Pisa, es deficiente. La educación moderna debe cumplir tres objetivos principales: el primero es que se convierta —buscando mayor acceso e igualdad en las oportunidades— en el ‘pasaporte’ para eliminar la pobreza y cohesionar el tejido social. Las nivelaciones arbitrarias de ingresos o de patrimonio, bandera principal de la izquierda, sólo producen desincentivos. La segunda es que la educación es el principal —por no decir único— camino para generar empleos de calidad. Un tercer factor es que las integraciones exitosas en un mundo cada día más globalizado son sólo posibles aumentando la productividad; y la productividad va a depender en buena parte de que la población tenga la educación necesaria para asimilar las tecnologías del futuro.

Para lograr los objetivos anteriormente enumerados es imperativo dar un vuelco estructural en la educación. Hoy no tenemos ni idea qué van a ser el 80% de los trabajos del futuro. Por lo tanto, más que educar para algo en concreto lo que a los estudiantes, indistintamente de la edad, hay que proveerles es la ‘caja de herramientas’ que les permita adaptarse a las nuevas oportunidades laborales. Y dentro de esta ‘caja’ debe estar, aparte de la capacidad de leer, escribir y expresarse correctamente, unas bases matemáticas que les permitan asimilar las nuevas tecnologías. Adicionalmente deben tener conocimientos tanto de estadística como de demografía (si no dominan el inglés, profesionalmente serán ‘minusválidos’). Impulsando la labor que desempeña el Sena, parte de esta ‘caja de herramientas’ lo pueden y deben prestar los institutos tecnológicos como ocurre en Alemania.

Agricultura: son pocas las cosas en que expertos y políticos de diferentes tendencias ideológicas se ponen de acuerdo y una de ellas es que en Colombia debe coexistir y prosperar la pequeña, la mediana y la gran agricultura y agroindustria. Pero a medida que el marco legal no lo permita, el desarrollo agrícola va a ser una quimera. El gobierno puede tener la certeza que mientras no haya ‘seguridad jurídica’ no habrá inversión; y mientras no haya inversión, hablar de ‘seguridad alimentaria’ es un canto a la bandera.

Por otra parte, seguir pensando que a punta de subsidios se solucionan los problemas agrarios es un desatino (es la forma en que la Venezuela de Chávez y Maduro cree solucionar sus problemas). De alguna manera al otorgarle subsidios, lo que el Estado le da al agricultor son ingresos por una cosecha. Por el contrario, al invertir en bienes públicos (carreteras, electricidad, distritos de riego, centros de acopio) lo que el Estado le estaría dando al agricultor son ingresos de por vida.

Infraestructura: es indispensable continuar con la reforma integral de la infraestructura en Colombia, principalmente la vial, en donde llevamos 40 años de retraso. Las concesiones 4G se deben concluir sin retrasos adicionales, y muy pronto iniciar las de 5G. Las vías secundarias y terciarias deberían pasar de inmediato al control y la supervisión tanto de Planeación Nacional, el ANI y el Inco (el dejar estas vías al ‘criterio’ o la ‘integridad’ de los receptores de ‘mermelada’ es un suicidio). Si yo fuera Zuluaga dejaba a Cecilia Correa en el Ministerio de Transporte y a Luis Fernando Andrade como cabeza del ANI.

 

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