Por: Gustavo Páez Escobar

Tarifas financieras

En el primer encuentro que tuvo el presidente Santos con los banqueros les manifestó lo siguiente: “Hay que ser imaginativos, hay que diseñar programas, hay que hacer publicidad creativa, hay que ver la forma de bajar los costos de tener una cuenta bancaria o los requisitos para entrar al sistema bancario, sin elevar demasiado el riesgo de las entidades”.

Casi nada es lo que se ha conseguido como respuesta del sector financiero al mensaje presidencial. Y han corrido nueve meses desde que se inició el actual Gobierno. Desde los inicios de su administración, el presidente Santos expuso como punto vital para impulsar una de sus locomotoras el de aumentar la bancarización del país, programa consistente en obtener, mediante mayores atractivos, el ingreso a la banca de un buen número de colombianos que, pudiendo hacerlo, se mantienen marginados de esas instituciones.


El nervio para lograrlo está en la disminución razonable de los altos costos que pagan  los usuarios de las cuentas y de las tarjetas bancarias. En el manejo de una cuenta de ahorros, por ejemplo, los bajos rendimientos que recibe el cliente quedan borrados, en la mayoría de los casos, por la cantidad de contribuciones que deben pagarse al sistema. Por eso, un buen número de colombianos prefiere dejar su dinero “debajo del colchón”, con este elemental raciocinio: ¿para qué guardo mi plata en el banco si salgo perdiendo, y además me expongo a que desaparezca en manos de los defraudadores que hacen de las suyas en las entidades financieras?


Este potencial de dinero improductivo se está perdiendo para la economía del país. De ahí el interés del Gobierno por lograr ingresarlo a la banca. Sin embargo, los banqueros han estado remisos a disminuir sus tarifas. En vista de lo cual, el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, adoptó con ellos una posición severa al advertirles, hace varios meses, que si no se conseguía ese propósito de manera armónica, se pensaría en la intervención de las tarifas.


Por su parte, el superintendente bancario, Gerardo González, habló de mano dura contra los abusos que cometen algunas entidades, y el vicepresidente, Angelino Garzón, manifestó que las entidades “no tienen contemplación” a la hora de hacer esos cobros. Así caldeado el ambiente, el Gobierno decidió aumentar la tasa de usura como un incentivo a la banca, que de esta manera cuenta con un margen superior para el rendimiento de la cartera.


Tres o cuatro entidades financieras anunciaron, con grandes titulares en la prensa, la eliminación de algunas tarifas. Actitud plausible, aunque aislada, que no soluciona el problema de conjunto. Mientras tanto, la pelea del ministro de Hacienda con la banca  se ha apaciguado. La gente se pregunta qué ha sucedido después de tanto alboroto, para que las cosas, en líneas generales, sigan lo mismo. María Mercedes Cuéllar, presidenta de Asobancaria, ha mantenido no solo una posición cerrada en defensa del gremio que representa, al oponerse a la rebaja de las tarifas o a su intervención, sino antagónica frente al ministro Echeverry.


En estos días la Superintendencia Financiera publicó en la prensa un cuadro donde se discriminan las tarifas y las tasas de interés por las tarjetas débito y crédito que cobran (o no cobran) las entidades bancarias que operan en Colombia, y al principio de la página aparece esta anotación: “¡Nosotros le informamos, usted decide!”.


El propósito de este aviso –se entiende– es el de que los propios clientes escojan, bajo dicha consideración, el organismo que más le convenga. Es una especie de veto contra las tarifas más costosas. Pero cabe pensar que por este método no se atacará la raíz del problema. Se esperan medidas más efectivas para que la clientela de los bancos pueda respirar mejor. Esta lucha viene desde hace varios años.


gustavopaezescobar@hotmail.com

 

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