Por: Gonzalo Hernández

Tasa de cambio real competitiva y estable

En tiempos de un precio alto del dólar, es normal pensar que las exportaciones colombianas diferentes a las exportaciones de petróleo o carbón pueden repuntar. Un precio más alto de la divisa genera ganancias adicionales para los exportadores, que pueden aumentar sus ventas en el exterior. Pueden reducir sus precios en dólares en los mercados internacionales para ser más competitivos que productores de otros países. Al poder convertir cada dólar en más pesos, los ingresos de sus ventas alcanzan para cubrir los costos.

Para el caso de los Estados Unidos, la historia va en sentido contrario. Es normal pensar que un dólar fuerte afecta la competitividad de los productores norteamericanos. Si el dólar se fortalece frente al euro o al renminbi chino, los productores en Europa y China serán los beneficiados en su mayor capacidad de reducir precios, ganar mercados y aun así tener un ingreso que paga salarios y costos de capital.

Es normal, entonces, escuchar voces en Colombia que dicen que por estar ante un dólar caro estamos en el momento de las exportaciones. También es normal, entonces, pensar que el presidente Trump tiene razón cuando regaña a la Reserva Federal a través de Twitter: “Como lo predije, Jay Powell y la Reserva Federal han permitido que el dólar se fortalezca tanto, especialmente en relación con otras monedas, que nuestros productores de manufacturas están siendo afectados. La tasa de interés de la Reserva Federal es demasiado alta. Ellos son sus peores enemigos. No tienen ni idea. ¡Patético!”.

El punto es que lo normal, eso que normalmente se piensa acerca del papel de la tasa de cambio sobre las exportaciones no es suficiente. Sin intentar agotar el tema, puede ser útil recordar algo que ya se sabe en economía: lo que importa para estimular las exportaciones no son los saltos imprevistos de la tasa de cambio, sino una tasa de cambio real competitiva y estable.

No basta que la tasa de cambio parezca competitiva en términos nominales (3.500 pesos por dólar), debe ser competitiva en términos reales. En la misma moneda, el precio de una canasta de bienes de exportación de Colombia debe ser más bajo que en otros países. Así los consumidores extranjeros tendrán incentivos para comprar nuestros bienes.

Pero tampoco basta que la tasa de cambio sea competitiva en términos reales, debe además ser estable. De nada sirve para la planeación de los exportadores —que en muchos casos tienen que aumentar sus inversiones y contrataciones de trabajadores para poder aumentar sus exportaciones— que la tasa de cambio sea competitiva hoy y que deje de serlo mañana. Las inversiones ni son reversibles ni se pagan de un día para otro. Necesitan horizontes de tiempo largos y con estabilidad.

Solo con pensar en una tasa de cambio real competitiva y estable se ve que el papel de la tasa de cambio va más allá de lo que normalmente parece. Y alcanzar todas las condiciones de competitividad real y estabilidad no es nada fácil. Se requiere de una política económica —monetaria y fiscal— muy coordinada, que evite que la inflación y los costos más altos de producción, por cuenta de la devaluación, terminen devorando las ventajas mismas de un dólar caro.

Y esa coordinación no es sencilla. Tiene barreras políticas, que se revelan, por ejemplo, cuando Mr. Trump regaña a Mr. Powell o cuando Mr. Duque regaña a Mr. Echavarría.

* Ph.D. en Economía, University of Massachusetts-Amherst. Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/).

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