Por: Aldo Civico

Taser, arma letal

Los ciudadanos de Bogotá, Medellín y Cali deberían estar inconformes y protestar por la adopción por parte de la Policía Nacional de la pistola eléctrica taser. Como todas las armas no es inocua y, por el contrario, su efecto ha sido muchas veces letal.

Es suficiente recordar la trágica muerte de un joven colombiano en Miami Beach, hace poco menos de un año. El 6 de agosto de 2013, Israel Hernández, un artista muy talentoso de tan sólo 18 años de edad, mientras dibujaba un grafiti en un muro de un edificio abandonado, fue sorprendido por una patrulla de la policía. Los agentes lo persiguieron, lo sometieron y con una taser le dispararon una descarga eléctrica, que —como determinó la autopsia— le provocó un ataque cardiaco, terminando así con la vida del joven. Un año después del evento, el asesinato de Israel sigue en la impunidad.

Desafortunadamente, el caso del joven colombiano no es el único. Hace dos años, Amnesty International publicó un informe en el que denunció que en Estados Unidos más de 500 personas murieron como consecuencia de las descargas eléctricas de la taser. Johnny Warren, de 43 años, estaba ebrio cuando recibió una descarga eléctrica que le causó un paro respiratorio y luego la muerte. Por una violación de tránsito, la policía detuvo a Allen Kephart, quien murió después de que una taser fuera accionada 16 veces. El caso más reciente es el de Michael Zubrod, contra el cual la policía, que intervino para resolver una disputa doméstica, accionó la taser 15 veces, provocando su muerte.

El informe de Amnesty International también destacó que en un 90% de los casos las personas afectadas, como en el caso de Israel Hernández, no estaban armadas. Además, estudios y expertos en medicina aseguran que la pistola taser se convierte en un arma letal cuando sus víctimas padecen de una enfermedad cardíaca o están bajo el efecto de las drogas o el alcohol.

Creer, como señalan los promotores de la taser, que la pistola eléctrica, por no ser concebida como una arma letal, es más segura, ha llevado a un abuso de su utilización. Las consecuencias han sido trágicas para individuos que de ninguna manera constituían una amenaza inminente para los policías o la comunidad.

Las garantías que da el director de la Policía Nacional acerca de un uso responsable de la taser no son suficientes. De hecho, son demasiados los casos de abusos cometidos por policías que quedan impunes, muchas veces con la complicidad de la cadena de mando. Por ejemplo, el caso de Juan David Guardo Martínez, un joven de 16 años que fue asesinado en Bogotá con una pistola ‘bum bum’ por un oficial de la policía que no estaba de servicio. Después de más de dos años, el caso sigue en el silencio y en la impunidad.

Por eso, para asegurar que no haya más muertes inútiles y tragedias como la de Israel Hernández, será también responsabilidad de los alcaldes de Bogotá, Medellín y Cali garantizar una veeduría estricta y severa del uso responsable de la pistola eléctrica, dado que un uso inadecuado de la taser convertiría a la Policía en una amenaza más para la seguridad de las comunidades.

 

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