Por: Manuel Drezner

Teatro en Bogotá

Se está divulgando una estadística que es asombrosa, alrededor del movimiento teatral en Bogotá.

Ella dice que en estos momentos hay en la capital nada menos que 42 grupos teatrales activos, con presentaciones más o menos permanentes y un repertorio que abarca desde los mayores éxitos comerciales hasta el más esotérico teatro de vanguardia. Personalmente sospecho que la estadística se ha quedado corta y que el número de grupos que se presentan entre nosotros es mayor, pero aún la cifra indicada es índice de un desarrollo teatral que nadie se hubiera imaginado hace algunos años. Lo malo es que el público poco o nada sabe de la existencia de esos conjuntos escénicos y que quien está interesado en teatro tendría mucho donde escoger. Esa ignorancia se refleja en que puede haber los grupos mencionados pero el público que asiste a las representaciones es bastante limitado. Yo mismo he ido a presentaciones teatrales donde quienes estábamos presentes no pasábamos de una veintena de espectadores.

La culpa de lo anterior, infortunadamente, es de los mismos grupos. Ellos creen que con tener una sala y montar una obra es suficiente y se olvidan del hecho perogrullesco que la gente no va a lo que no sabe que existe. Con esto pierden el tercer pie del trípode clásico del teatro que consiste en las obras, los grupos que las representan y el tercero que es el público que asiste a ellas. El entusiasmo por montar piezas teatrales les hace olvidar el factor de la divulgación. Un ejemplo está en esta columna donde se supone que se comenta el arte y la cultura, y que raras veces recibe información de lo que se presenta. El mismo Teatro Nacional, que en una época tenía un servicio de información muy eficiente hoy cala. No existe la iniciativa para crear una cartelera en la prensa de lo que hay en Bogotá y desde luego, no hay crítica por que los grupos nunca invitan a los cinco o seis críticos de teatro que hay en la capital a que vean y comenten lo que están haciendo. Es cierto que muchos de esos artistas menosprecian la labor crítica, pero los que pierden son ellos por que ni el público conoce los méritos o defectos de lo presentado y los grupos pierden la oportunidad de conocer una opinión que eventualmente puede hacer que mejoren lo que hacen.

Todo lo dicho indica entonces que puede haber toda esa cantidad de grupos que las estadísticas han divulgado pero desde el punto de vista del conocimiento que el público tiene de la existencia de dicho importante movimiento teatral podrían no existir.

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