Por: Columna del lector

Técnica y tecnología: sombras, luces y oportunidades

JUSTIFICO AHONDAR LA reflexión sobre la técnica, definida como los artefactos de uso diverso en las esferas de la vida material; y sobre la tecnología entendida como proceso social que incluye el entorno tecnológico y el modo de organización de las relaciones sociales y económicas, por la necesidad de compartir una conciencia sobre la probable encrucijada de nuestra economía y sociedad, a partir del impulso denodado a la innovación, que en principio parecería no requerir de ninguna discusión.

La ambivalencia en el uso y los efectos de los artefactos técnicos se observa, por ejemplo, en los negativos y reales efectos en el ambiente y en la efectividad de la prestación de servicios como comunicaciones y procesamiento de grandes volúmenes de información y en el avance de la genómica. O en que éstas han sido utilizadas para la comisión de delitos en el sistema financiero o para la violación de la reserva de los poderes públicos o de la intimidad personal. La técnica, entonces, puede facilitar el desarrollo humano o contribuir a la pérdida de su libertad o al delito.

Según la reflexión filosófica del siglo XX, la tecnología origina, en los países desarrollados, todo un aparato productivo, que avasalla y transforma las históricas racionalidades individualistas y de competencia en racionalidad tecnológica, que invocando la razón genera la pérdida de la libertad de individuos al lograr que éstos acepten en su nombre, en aras de la eficiencia, la sumisión homogeneizada a dicho aparato; la racionalidad tecnológica habría sido tan invasiva no sólo en la esfera productiva, sino en el ámbito de las diversas actividades intelectuales, que se convierten en una especie de técnica, en asunto de capacitación más que de individualidad, en el protagonismo del experto más que la personalidad humana completa (Marcuse, 1941).

Como se conoce en alguna medida, en Colombia el avance de la innovación empresarial es muy precario: un poco más del 70% de las empresas no innovan (DANE, 2013, 2014), y se han firmado tratados de libre comercio con muchos países del mundo. De otra parte, en Europa y China se logran tecnologías limpias que, en el caso de las emisiones de CO2, permitirían salvar el planeta a bajo o sin costo alguno (Krugman, 2104);

Como ejemplo de una posibilidad de desarrollo humano basado en la técnica —incluida la de punta— consideremos el caso del ingeniero y su formación (Broncano, 2011); un primer problema en la educación de los ingenieros es la insuficiente reflexión sobre su presunta insensibilidad e incapacidad de percibir las consecuencias públicas de sus decisiones. El segundo problema se refiere a la insensibilidad de la creación técnica para determinar de manera amplia la situación que ha de transformar.

Se propone, con razón, que el ingeniero, como humanista, sea un intérprete privilegiado de las necesidades y posibilidades de la cultura material —entorno de artefactos técnicos—. Dicha interpretación exige conocimiento e imaginación de los escenarios futuros posibles, conformados por redes de relaciones entre artefactos que instauran sentido existencial para los usuarios; implica que la educación ingenieril observe las cosas y los objetos como significados que pueden contribuir a una verdadera realización humana.

Entonces: lo exiguo de nuestro nivel de innovación justifica el impulso decidido a la innovación; pero se requiere profundizar una reflexión democrática sobre las sombras y las luces de la técnica. La propuesta de la ingeniería como humanismo requiere una interpretación multidisciplinaria de la cultura material basada en la técnica, el arte y las humanidades.

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