Tecnología con ética para reinventar a Colombia

El colombiano exvicepresidente de Microsoft Orlando Ayala planteó en la cena para recolectar fondos para el programa “Ser Pilo Paga” de la Universidad Jorge Tadeo Lozano los dilemas que enfrenta el país para aprovechar la revolución tecnológica. Aquí su sugerente discurso.

Por: Orlando Ayala

Es en verdad un gran honor para mí tener esta oportunidad en mi universidad… o mejor… en nuestra universidad, y especialmente en una noche importante como la de hoy, en la cual todos tendremos la posibilidad de aportar y empoderar nuevas generaciones. Sí, empoderar decididamente esa materia prima de nuestra Colombia, llena de talento, pero demasiado a menudo corta en oportunidades.

Ya han pasado más de 35 años desde que salí de Colombia. Lejos están aquellas noches que viví durante cuatro años, siendo estudiante de los programas nocturnos de la Tadeo, bajando a pie a eso las 11 de la noche hacia la décima o a la Caracas. En esos viajes por la calle 23 a agarrar buseta, mucho reflexioné acerca de cuál sería mi futuro después de graduarme. Pensé y pensé acerca de cómo encontrar mi propio espacio para marcar una diferencia, y ante todo cómo no dejarme derrotar por la irrelevancia, en el contexto de un mundo rápidamente cambiante por la globalización y catapultado por el gran amanecer tecnológico de los años 80. Ese que dramáticamente democratizó el acceso a maravillosas herramientas como el computador personal y el internet y que, sin duda, en menos de 20 años, transformaron globalmente todas las industrias.

Esta noche, me avasallan preguntas aún mucho más transcendentales, porque esos avances de los 80, palidecen ante la increíble convergencia de cuatro tendencias tecnológicas con inmenso potencial transformador y sin precedente en la historia de la humanidad. ¿Cuáles son?:

Primera: la proliferación de teléfonos y sensores inteligentes, que virtualmente, en cantidad, ya exceden en más de tres veces a los 7 mil millones de seres humanos que hoy habitamos en la tierra, Segunda: y como consecuencia de la primera, se han generado torrentes masivos de datos, que tan solo en los últimos cinco años ya sobrepasan la información creada por la humanidad en toda su historia. ¡La Tercera es el advenimiento del increíble poder de las redes sociales, con las cuales inexorablemente se ha habilitado un debate y conversación global en tiempo real, dando voz y voto a miles de millones de personas en todas las esferas de la sociedad, derrocando ídolos y gobiernos, transformando leyes y hasta las constituciones de los países, todo esto impensable hace unos pocos años! Pero es la Cuarta tendencia, combinada con las otras tres que ya mencioné, la que realmente crea una oportunidad de cambio absolutamente poderosa y abrumadora: esta es, la capacidad y velocidad de cómputo ilimitada existente hoy, con la cual se pueden analizar en milisegundos cantidades ultra-masivas de datos, produciendo ideas y brillantes respuestas a grandes problemas, que serían imposibles de procesar y resolver a mano por miles de los humanos más inteligentes.

Pero la gran maravilla de toda esta convergencia tecnológica es que finalmente reside en las manos del común, a costos muy bajos, donde, por ejemplo, una pequeña empresa e inclusive un individuo desde su casa podrá innovar y competir globalmente contra las compañías más grandes, de igual a igual, consumiendo estos recursos de manera muy eficiente, como si fueran servicios de agua y energía (pagando por uso) y sin necesidad de grandes inversiones en activos informáticos.

Esta mega-revolución tecnológica habilitará completamente visiones que recientemente sólo presenciábamos en el cine, tales como realidades virtuales creando nuevos mundos altamente interactivos, inteligencia artificial que permitirá a las máquinas, además de la capacidad de interactuar con la gente en conversaciones cotidianas y complejas como lo hacemos entre humanos; también ayudarnos a detectar y anticipar, como nunca, desastres naturales, pandemias, etc. Así como a visualizar a edades muy tempranas nuestra predisposición a la demencia senil, sugiriendo correctivos de estilo de vida que permitan minimizar lo que pareciera inevitable, todo esto ayudado por micro-sensores inteligentes que no necesitan baterías y que navegarán como submarinos dentro de nuestros cuerpos, informándonos del estado general de nuestra salud y dando paso a la creación de nuevos servicios y modelos de bienestar social inimaginables, mejorando significativamente la calidad de vida del ser humano y las expectativas de longevidad más allá de los 100 años.

Con esta breve disertación tecnológica, hoy, aquí en la Universidad, como en una de aquellas remotas noches “Tadeistas” de 1980 y a mis 61 años, sintiéndome un verdadero afortunado por todas aquellas oportunidades que en el camino alguien me asistió en habilitar y algunas que siempre intenté crear, especialmente cuando todo al frente parecía un laberinto irreconciliable, las preguntas que me asaltan emanan y parten desde un principio básico y abrumador de oportunidad y desafío, que se ciernen como clara posibilidad especialmente para la Colombia de hoy:
El gran dilema y pregunta, no sólo para mí sino para cada uno de nosotros y especialmente para esos líderes en todos los ámbitos de la sociedad, es: ¿Cómo, ante estas nuevas e inevitables realidades globales, damos respuestas (generacionalmente sostenibles y a gran a escala), a la imperiosa necesidad de maximizar –no solo para unos pocos sino para todos--, el potencial ilimitado que tiene cada ser humano desde ese primer segundo en que nace?

La grandeza de un país sólo es viable y se construye día a día, con la única herramienta que tiene verdadera sostenibilidad en el tiempo y es la capacidad creativa y colectiva de su recurso humano, generando oportunidades que se traduzcan en bienestar colectivo. ¡Esto debe ocurrir independientemente del lugar donde se nace, o la procedencia socioeconómica de donde viene ese diamante en bruto que tiene gran potencial de crear a través de su talento no sólo riqueza económica, sino aún más importante, gran abundancia cultural ante todo desde el punto de vista ético y como gran pilar de la viabilidad existencial de un pueblo!

Nada de esto puede conseguirse sin la capacidad de soñar, habilitada por una creación de conocimiento traducido en innovación, pero con entereza ética, que debe nacer muy temprano en casa y debe fortalecerse a través de los años, cuando la curiosidad innata que nos lleva a la innovación, usualmente se asoma en aquellos que han tenido la fortuna de poder estudiar y acceder a estudios de calidad. Infortunadamente, este camino hoy está disponible para muy pocos. Esa es la dura e innegable realidad que hay que cambiar, para que Colombia no termine siendo un país crónicamente fallido.

Para mí es muy claro que hay dos factores que realmente determinarán el futuro del mundo:

Primero: la accesibilidad justa y amplia a la gran revolución y convergencia tecnológica a la que ya me referí y que en el presente se está desencadenando con gran furia. Esa que como ya mencioné, y que sin duda tiene la posibilidad en los próximos 50-100 años, de virtualmente dar respuesta a grandes problemas que agobian al mundo –desde la cura completa del cáncer y el Alzheimer, hasta acabar con la pobreza y muy probablemente encontrar vida más allá del planeta tierra--.

Y segundo factor, e increíblemente importante, el marco cultural y el contrato socio-económico-político de carácter ético y de valores, que gobierne el uso de estas tecnologías y su producido, para que efectivamente empecemos a cerrar la gran, injusta y expansiva brecha económica, que es la inmensa amenaza que virtualmente podría destruir la humanidad.

Hay que cerrar ese abismo para pasar a realizar esa gran promesa de vida, especialmente para las nuevas generaciones: el acceso a un trabajo decente --como empleado o como emprendedor--, que es sin duda la gran aspiración global y lo seguirá siendo como factor determinante de punto de equilibrio social. La educación de hoy, lastimosamente casi huérfana de estos dos factores, será absolutamente insuficiente para dar el gran salto.

Este es el contexto global y desafío en una Colombia que, más que nunca, requiere estar muy sintonizada con su necesidad de reinventarse después de más de 50 años de conflicto sobrealimentado de crónicas y trágicas divisiones.

¡Sí! ¡Reinventarse! Poniendo el foco en el gran salto que debemos dar, habilitando esa materia prima tan de carne y hueso. No importa desde qué parte del río estoy viendo la otra orilla –sin duda, no son los extremos, sino es por el centro del río por donde la corriente es más veloz para navegar juntos, todos en la misma nave, para llevarnos (sin que nadie se ahogue), a ese destino que tanto merece nuestro país de potencial inmenso, que se nos escapa cotidianamente a borbotones... ¡Potencial “en bruto” en todas sus dimensiones, con una clara promesa de realización, si verdaderamente nos miramos al espejo para confrontarnos uno a uno, con la imperiosa obligación de jugar un papel mucho más activo en un momento tan crítico para Colombia! ¡Los invito a que nos mirémonos en el espejo! y les hago sólo dos preguntas:

1. ¿Esta gran convergencia tecnológica global pasará nuevamente, nos tocará la puerta y la ignoraremos? o la abrazaremos apretadamente y crearemos las condiciones necesarias para radicalmente transformar nuestra educación como punto de partida, en aras de construir un modelo productivo sostenible? Uno que nos ayude a dar ese gran salto a la Gran Colombia: de ser una economía creadora de calentamiento global, basada en la explotación no renovable y desaforada de exportación de recursos naturales legales e ilegales, a convertirnos en una economía del conocimiento, con capacidad exportadora de gran valor agregado y servicios de alta calidad.

¡Un modelo, decididamente propulsado por una generación con grandes aspiraciones! Una generación que tiene en sus manos la responsabilidad de transformar al país de los próximos 20 años, de acuerdo con las exigencias de la nueva economía digital y de las realidades del mundo moderno (tal como lo hicieron en su momento Corea del Sur, Singapur, etc.) para ubicarlo como punta de lanza de América Latina (y ojalá más allá de esas fronteras). Colombia debe ser ese lugar del que estemos muy orgullosos. ¡Debe ser el hogar en el que engendremos los arquitectos de un país altamente comprometido y capacitado, para que su legado de cambio sea positivo y decididamente próspero para los colombianos que vienen ... ese tan anhelada y esquiva herencia generacional, con la que tanto hemos soñado ya por más de 200 años, y especialmente en los últimos 50!

2. Ahora, asumiendo que respondemos de manera satisfactoria a la pregunta anterior porque de verdad tiene que ser así, un logro de ese tamaño no será suficiente, sin que venga inexorablemente acompañado por una respuesta contundente a lo que yo considero la crisis más profunda y la terrible amenaza existencial a nivel global, siendo hoy lastimosamente los Estados Unidos un gran ejemplo y sin duda también Colombia.

Pero... ¿cuál es esa segunda pregunta?

¿Cómo le damos la vuelta a la agudísima crisis de relativismo moral y de valores que hoy se mueve como una gangrena, destruyendo como jinetes del apocalipsis toda la credibilidad de las instituciones formales, del verdadero orden democrático y de los principios básicos humanistas?

En palabras simples, e intentando buscar una luz, urge y es imperativa una trasformación cultural en donde, ante todo, los valores no se convierten en porcentajes. Porque en una sociedad viable, no puede ser posible un escenario donde uno es un 90% honesto, o un 10% corrupto, o en donde no soy abusador de género, porque solamente golpeo a mi mujer una vez al año y después le llevo flores.

Jamás un país podrá ser digno, cuando los muertos se nos mueren dos veces, una porque son desaparecidos, y luego se vuelven a morir por la condena a penitencia eterna de sus seres queridos que nunca entendieron qué pasó… o siendo menos dramático, hay que entender, que de la misma manera es culturalmente lastimoso y muy deficiente, cuando en términos cotidianos sólo me paso el semáforo en rojo o me salto la fila una vez a la semana, o hago un mini-soborno al mes, pagando al celador para que me deje estacionar en el garaje del vecino, sin que los dueños sepan, porque están de viaje por un par de días.

¡Hoy, este compás moral se hace aún más urgente, debido a que estos tremendos avances tecnológicos, traerán nuevas posibilidades de ser usados a gran escala, y donde las fuerzas del bien y del mal pueden armarse como nunca, para cumplir sus opuestos propósitos!
¡El uso del Twitter para gobernar y descalificar al más alto nivel y los recientes incidentes de las “noticias falsas”, manipulando elecciones incluso en los países más avanzados del mundo, con democracias sólidas, son sólo la punta del iceberg de lo que puede ser una sociedad con gran poderío tecnológico disponible para todos, pero donde el “todo vale” puede alcanzar realmente dimensiones catastróficas para una nación e inclusive para toda la humanidad!

Desde este recinto, en nuestra Universidad, y de cara a estos dos grandes interrogantes, por supuesto no sirve de nada destacar simplemente lo que está mal o darle vuelo a un pesimismo crónico, sin por lo menos tratemos de hacer algo al respecto... Muy ciertamente, yo no pretendo tener grandes respuestas, únicas o absolutas a estos desafíos, pero me gustaría ofrecer un par de ideas con las cuales por lo menos aspiro a respaldar mi día a día con acciones coherentes:

Pero antes de proponer esas ideas concretas, permítanme decir lo siguiente: Sé que quizás ustedes me podrían tildar de melodramático, pero tomando ese riesgo, debo decir que más que nunca estoy convencido de algo que no creo sea una exageración: Hoy, Colombia está pasando por un momento histórico solo comparable a aquel 20 de julio de 1810 cuando se empezó a gestar la declaración de la independencia, y el sueño bolivariano de una futura Gran Colombia que todavía no alcanzamos. ¡Es así!, porque de nuevo, en un escenario dramático de post conflicto, las difíciles decisiones que nos urge tomar a relativo corto plazo --digamos en los próximos 5 a 10 años-- marcarán el destino histórico, relevancia, grandeza y viabilidad de Colombia para los próximos 100.

Como todos sabemos, rápidamente se aproximan las elecciones de nuevos líderes a lo largo y ancho del país. En ese proceso, considero imperativo que en el dialogo nacional de las campañas exista una disertación profunda en busca de propuestas concretas y accionables acerca de los temas álgidos a los que me he referido desde el principio de esta charla y que creo son columna vertebral para imaginar un país mucho mejor.

Como un colombiano más, interesado y comprometido con el destino del país, les quiero compartir estas breves cinco ideas solo como punto de partida y ojalá base de un dialogo serio a nivel nacional:

1. Una verdadera transformación de la calidad de la Educación para todos debe fomentarse agresivamente desde la política pública, con un gran énfasis en habilidades prácticas orientadas a la Ciencia, Tecnología, Ingeniería, y Matemáticas, habilitando así un gran trampolín de innovación nacional, y como insumo esencial, que nos habilite a tomar ventaja de los avances tecnológicos globales a los que me referí anteriormente.

2. Esta revolución de convergencia tecnológica no se nos puede escapar como oportunidad de cambio nacional. Como ya lo han hecho en un par de países Latinoamericanos y otros en via de desarrollo, Colombia necesita de un marco mucho más agresivo, que articule (de nuevo) a través de política pública, la estimulación activa del emprendimiento tecnológico.

Sé, por el medio en el que me desenvuelvo, que hay una cantidad significativa de gente joven en Colombia con grandes ideas y tremendo interés en crear o madurar compañías de base tecnológica, pero las condiciones, sobre todo de disponibilidad de capitales de riesgo inteligentes, simplemente no existe en el país. No propongo que el Gobierno sea el único responsable de facilitar esos capitales directamente desde el erario. Esa ciertamente no es su función, pero sí la de crear las condiciones y el marco de incentivos que atraigan inversión tecnológica, ojalá de fondos de inversión internacionales, regulándolos inteligentemente con una visión de retorno a corto, mediano y largo plazo, de manera que Colombia no se quede irremediablemente rezagada en su transformación urgente, hacia una economía del conocimiento, como plataforma moderna, esencial y estructural de un crecimiento saludable y sostenible.

3. Como lo dije antes, este énfasis formativo en emprendimiento tecnológico debe ser obligatoria y deliberadamente complementado (de manera transversal) por las humanidades, apuntándole a la formación muy temprana de una materia prima de recurso humano ético, que eventualmente forme líderes quienes entiendan que el objetivo supremo de los avances educativos, tecnológicos y de innovación tiene que ser el de amplificar las posibilidades de realizar el gran potencial humano que tenemos, pero sin subastar al mejor postor, los valores éticos que no pueden ser negociables, en nombre del mal concebido crecimiento económico a “cualquier precio”.

4. Si estamos de acuerdo con lo que acabo de decir, y pensando de manera práctica, en verdad Colombia no necesita una “campaña de marca” como lo hemos intentado hacer múltiples veces y con muy pocos resultados. Lo que Colombia necesita urgentemente es una campaña masiva, contundente y permanente de cultura y valores, respaldada por una plataforma tecnológica que habilite la rendición de cuentas día a día: en todas las instituciones de gobierno, dentro de la familia, en las calles y los barrios, en las ciudades y los departamentos incluyendo zonas rurales como en el pacífico colombiano y otros lugares, vil e impunemente vapuleados por la corrupción de moros y cristianos.

Esa plataforma debe ser una ventana abierta permanente, permitiendo que la información relativa al uso de los dineros públicos y su cotidiana interacción con otros sectores de la economía del país, estén al alcance de cada colombiano para su escrutinio en “tiempo real”.

Esa plataforma de gran transparencia nacional es absolutamente posible hoy, usando tecnologías de bases de datos, y aplicaciones diseñadas para ese propósito, permitiendo acceso a información que puede y debe ofrecer al ciudadano y a todos los sectores de la sociedad, completa y rápida disponibilidad de análisis pertinente al uso y distribución de todos los dineros del gasto público. Esa Información y datos masivos existen hoy, pero son casi inútiles para combatir la corrupción, porque permanecen sellados al escrutinio de sus verdaderos propietarios: ¡Todos los colombianos!

El uso de una plataforma nacional de transparencia es una realidad ya en varios países a los que me podría referir como ejemplo. Así que, esta posibilidad no tiene una limitación tecnológica, pero es realmente falta de foco (a pesar de los patéticos casos de corrupción que a diario conocemos), falta de prioridad y de voluntad política para alcanzarlo y así sanar lo que considero es la columna vertebral del país, hoy lastimosamente rota y por eso el resto del cuerpo escasamente funciona a medias.

Sin ese nivel de trasparencia y escrutinio, apoyados por leyes que hagan de la corrupción no sólo un delito de muy grave calado, sino también acompañado por el escarnio público, las posibilidades de desarrollo seguirán siendo absolutamente limitadas y el uso efectivo de los recursos públicos, continuarán manifestándose como el enlace más débil y el ancla más pesada, que no nos deja avanzar decididamente en el desarrollo de una Colombia viable por los próximos 50 años. ¡Esto hay que exigirlo como condición esencial en el diálogo y camino para elegir nuevos líderes en el país!

5. Los avances tecnológicos a los que me he referido también representan una oportunidad única de inclusión urgente en varios y diversos frentes de la sociedad colombiana. No hay tiempo para referirme a todos, pero quiero mencionar específicamente la gran oportunidad del papel productivo y económico de la mujer, que hoy a pesar de tener menos del 25% de participación en puestos de trabajo a nivel mundial, contribuye colectivamente a generar anualmente 14 trillones de dólares de producción económica global. Poniéndolo en contexto, si comparáramos esos 14 trillones dentro de los recientes “rankings” del producto interno bruto de los países, ese número correspondería a la segunda economía más grande del mundo después de los Estados Unidos. ¿A qué nivel llegaría con una participación de la mujer de por los menos el 50%?

En Colombia esta es una oportunidad única e inmediata, si tomamos ejemplos de algunos países como India y varios de África con economías más pequeñas y grandes que la nuestra y donde a través de plataformas tecnológicas móviles de bancarización y comercio digital, madres cabeza de familia han creado cooperativas que en pocos años se han convertido en el motor de desarrollo y transformación positiva de comunidades completas. De nuevo, Colombia no puede dejar pasar este llamado tecnológico en su proceso de re-imaginar ser un gran país más inclusivo y diverso, no sólo ampliando las oportunidades de participación económica y liderazgo de la mujer, sino también atrayendo a través de incentivos inteligentes, nuevas estudiantes y emprendedoras en negocios de base tecnológica.

Como lo dije, yo no tengo grandes respuestas. Estos son solamente unos pensamientos concretos, que veo como estructurales en el urgente proceso de re-imaginar una nueva Colombia. Sé que el camino luce muy incierto e indudablemente plagado de grandes desafíos, pero no me cabe duda, que ese sendero puede ser iluminado por el urgente pragmatismo de comenzar a reconstruir el país, partiendo de un postulado donde todos podemos caber, y donde la polarización y los extremos únicamente podrán ser derrotados por una visión ética y altamente comprometida con la habilitación innovadora del capital humano en toda su dimensión, como único punto de partida y de destino para Colombia.

Hoy más que nunca es el momento en el que no podemos jugar el partido desde la tribuna. Estamos al frente de una oportunidad histórica, que llama a la participación convergente y masiva por el cambio de Colombia, con gran foco en el potencial de nuestra gente, propulsada por el tremendo avance tecnológico acompañado por una dimensión ética y de transparencia total que no puede ni debe ser negociable.

Cerrando, quiero dejarlos con dos pensamientos que no son míos, los cuales muy seguramente ya habrán oído porque vienen de dos grandes sabios, pero que creo ilustran de manera contundente nuestra charla y corazón de mi mensaje esta noche:

El primero es de un gran matemático árabe, Al-Kawariszmi, a quien le preguntaron sobre el valor humano y respondió: “Si tiene ética, entonces su valor es 1, si además es inteligente, agréguele un cero y su valor será 10, si también es rico súmele otro cero y será 100, si por sobre todo eso, es además una bella persona, agréguele otro cero y su valor entonces será 1000, pero si pierde el 1 que corresponde a la ética, perderá todo su valor porque solamente le quedarán los ceros..” muy simple: Sin valor ético ni principios sólidos no queda nada más que delincuentes corruptos y malas personas.

El segundo viene de uno de los humanistas más brillantes del mundo: Martin Luther King Jr. : “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.

¡Hoy, tenemos literalmente en juego, el futuro de muchas generaciones de colombianos! Espero que al final estemos de acuerdo en algo muy simple: ¡No es falta de talento, pero sí de una profunda y amplia falta de oportunidad! ¡No esperemos a mañana! La responsabilidad es de todos en busca de respuestas acordes con este momento histórico que debe comenzar esta noche. ¡Ya!, sin descansar, porque la acción urge más que nunca, para escribir una nueva y maravillosa historia para Colombia. ¡Esa que todos nos merecemos!

Muchas Gracias.