Por: Lorenzo Madrigal

Tecnomecánica personal

Muchos Juan Manuel Santos han querido solucionar la tramitomanía en el país, pero el tema sigue lo mismo. La renovación de los pases, por ejemplo, es hoy una molestia duplicativa y kafkiana.

En primer lugar se decidió que los conductores son personas enfermas de todo mal. La prevención sanitaria que no se hace en las prestadoras de salud se trasladó a las oficinas administrativas del tránsito y transportes.

Sentarse y esperar (el trámite toma tres horas); finalmente uno es llamado a posar su índice en un dedal electrónico, inútilmente. El biométrico no registra la huella, no la lee. ¿Padece usted dermatitis? No, señorita, es usted, quiero decir, su sensor. Siga al médico general.

Tensión, corazón, ¿duerme bien? ¿Es depresivo? ¿Qué lo entristece? No tener un carro mejor, doctora. Vivo en el campo; “¿dónde queda eso? Es que yo soy cubana”; ¡Ah! La medicina en Cuba está muy bien, tiene dos ancianos que duran y duran. La doctora, muy seria, me remite al segundo piso de la casa, adaptada a las carreras. Es una vieja residencia del Polo, donde si ves venir por el pasillo a una persona gorda, debes esperar en el hall de televisión para el cruce.

Arriba, horas de espera. “Siéntese usted, señora, que yo me apoyo en la baranda”. Afortunadamente eran casas bien construidas, sin economía de materiales. Mi hermano quebró haciendo algunas. Me llaman nuevamente para unos jueguitos electrónicos, que nunca había ensayado y más me valiera haberlos practicado. “Si se sale de la línea, es error”. El supuesto camino me serpentea. No ocurre así en la realidad, a menos que uno esté alicorado y por eso se evita. “Póngale actitud positiva”, me increpa el joven sicólogo. Mire, yo he sido negativista y me ha ido bien, contesto. No, no tomo antidepresivos. Paso raspando.

A la espera de la audióloga. Es una médica, pero se dice médico. “ Casi necesita audífono, me dice”, “¿Que qué?”, la verdad es que yo oigo bien: si no oigo los pitos de los policías es porque no los hay y si los carros ya no pitan es porque en el trancón es inútil. Oigo a la persona que me indica al entrar el carro en reversa, pero se me instala justo en el bómper trasero y me activa los sensores de retro, que me enloquecen en la cabina.

A la médica de ojos. Al fin alguien amable. “Mire el caleidoscopio: ¿qué ve?”, un caleidoscopio. Vale, lea números. “Dígalos”. Los que no veo, los invento. Y viene la lucha de los que no tenemos ni dejaremos huella en este mundo. Úntese esta cremita, frótese, Insista, el aparato no lee (le pasa lo de Simoncito ). “Su huella apareció, pero no es la misma; vaya, actualícela en un Sim, Servicio de Movilidad ”. Es lejos y se deja para otro día.

La tecnomecánica sacó de circulación los viejos carros; la medicodinámica sacará a algunos y nos mortificará por igual a todos los conductores. Y no hablé de costos. El pase sigue en trámite.

 

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