Por: Salomón Kalmanovitz

La telefonía celular y Slim

La gran riqueza de Carlos Slim en méxico surgió con la privatización de las empresas públicas que hizo Carlos Salinas de Gortari en 1990. Adquirió a muy bajo precio Telmex y Cemex, dos monopolios públicos que siguieron igual de concentrados en manos privadas.

Mientras que un monopolio público tiende a fijar precios bajos por razones políticas, el privado hace exactamente lo contrario. Si la empresa pública sufre de administraciones incompetentes y sindicatos empoderados, la privada se dota de buenos administradores y combate a sus trabajadores.

Recientemente Slim ha sido considerado el hombre más rico del mundo, habiendo desbancado a Bill Gates, el creador de Microsoft. Un artículo de The New York Times hacía una comparación que le debió resultar odiosa a Slim: mientras que Gates o Steve Jobs habían revolucionado la industria informática, entregando productos y servicios nuevos que redujeron costos y entregaron enormes beneficios a sus consumidores, Slim había conquistado posiciones dominantes en México y en países de similar entorno institucional de América Latina. Por doquier, Slim había adquirido poder político que le permitía combinar precios elevados y la menor inversión posible.

Las empresas y los bancos de América Latina logran posiciones dominantes porque los sistemas políticos son excluyentes y muy centralizados. Un estudio de Stephen Haber comparaba cómo los gobiernos centrales en América Latina otorgaban muy pocas licencias para establecer bancos, poniendo barreras a la entrada, mientras que en otros países federales y más democráticos proliferaban los bancos, generando más competencia. Los márgenes de intermediación en la América Latina son de los más elevados del mundo, lo que perjudica tanto a los ahorradores como a los receptores de crédito.

Algo similar sucede con el mercado de telecomunicaciones y de televisión por cable. México tiene las tarifas de celular más altas del mundo, mientras que Colombia cuenta con las segundas más elevadas de América Latina. En Colombia, el duopolio que existía entre Comcel y Movistar fue quebrado por la irrupción de Ola, que desafortunadamente estuvo administrada por dos empresas públicas no muy competentes. La ley sobre portabilidad numérica le hizo algo de mella a la posición dominante, pero el entonces Comcel desobedeció de manera descarada los intentos de sus usuarios de cambiarse de operador, sin que el supervisor se diera por enterado. Con todo, las tarifas comenzaron a bajar, pero no tanto porque el Claro de hoy sigue controlando el 62% del mercado.

¿Qué impacto tienen las posiciones dominantes en el desarrollo económico? El más obvio es que los mercados no se profundizan o sea que se limita o raciona la oferta de los bienes y servicios así producidos, encareciendo los costos de todas las empresas que los utilizan y limitando el acceso de la población a los mismos. Un argumento oído con frecuencia es que el tratado de libre comercio (Nafta) no contribuyó mucho al desarrollo de México, pero otro lo explica porque no se debilitaron las posiciones dominantes de la industria y de los servicios, comenzando con las de Carlos Slim.

Por lo tanto, hizo bien la autoridad de telecomunicaciones al fijarle condiciones más duras a Claro que a las demás en la licitación del espectro 4G. Se trata de equilibrar las cargas, reducirle el poder de fijar los precios y las condiciones del mercado a Slim, y atraer nuevos operadores.

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