Por: Francisco Gutiérrez Sanín

Temas de Halloween

¿DE QUÉ HABLAR EN ESTA FECHA, diseñada ex profeso para asustarse?

¿De los esfuerzos desesperados de Paloma Valencia por parecer inteligente? ¿Del silencio amenazante de Pachito Santos, mientras se lame las heridas que su caudillo y conmilitones le infligieron en la convención del Uribe Centro Democrático? ¿Del Uribe Centro Democrático? ¿Del horror protagonizado por el magistrado Villarraga y su cliente, condenado por esa vesania innombrable que son los llamados falsos positivos? ¿De las libertades de las que goza el cliente en cuestión, pese a la naturaleza del crimen por el que fue condenado?

No. Todos estos son sobresaltos locales. Y, pese a los escarceos de Andrés Caicedo y su generación del Cali-wood, Colombia carece todavía de una tradición consolidada en materia de historias sobrenaturales y de horror. A propósito: tendríamos con qué construirla. De sobra. Pero mientras lo hacemos, es mejor escoger un tema global, como el de las chuzadas de la agencia de inteligencia estadounidense NSA a líderes mundiales de toda clase y orientación, incluyendo a sus más cercanos aliados. En cierta forma, esto no tiene nada nuevo, así que no ameritaría ser conmemorado en un Halloween. Si no me equivoco fue Lord Palmerston quien, refiriéndose a Gran Bretaña, dijo que su país no tenía ni amigos ni enemigos eternos: sólo intereses. Santo y bueno. Pero, de la misma manera que una nueva base tecnológica creó el movimiento antinuclear —uno no se imagina protestas masivas contra la escopeta de fisto o la cerbatana con veneno—, los fabulosos desarrollos en materia de recuperación y análisis de información que hemos contemplado en los últimos años generan una situación completamente diferente con respecto de las rutinas de la realpolitik. Ahora una potencia puede mantener una vigilancia de 24 horas al día sobre los actos y palabras de todos los líderes mundiales, así como sobre sus equipos de asistentes y seguidores. De los líderes y de los aspirantes a serlo; de los relevantes y los irrelevantes. Como están las cosas, muy pronto será un puntillo de honor estar en las larguísimas listas de la NSA. ¿Estará ya Pachito? ¿Paloma? Óscar Iván no. La NSA todavía no es tan poderosa. Espero.

Como suele suceder en estas situaciones, la línea de defensa estadounidense —hace estas cosas para proteger a sus ciudadanos, hay que buscar un equilibrio entre privacidad y seguridad— está en el peor de los mundos, pues es simultáneamente inocente y maliciosa. Si se tiene un aparato semejante, nunca se utiliza solamente para su propósito inicial. En Brasil ya sospechan que con estos seguimientos les han hecho espionaje industrial. Grabar horas y horas del teléfono celular de Ángela Merkel no puede, por más que uno fuerce la imaginación, servir a algún propósito antiterrorista. Flaco consuelo resulta intuir la falta de resultados espectaculares que puede arrojar la criba de las conversaciones de Merkel. No anticipa uno encontrar allí ninguna de las miserables familiaridades al estilo Villarraga, ni siquiera un poco de color local. Mucha seriedad, mucha tranquilidad, mucho aburrimiento (lo mejor que tiene que ofrecer la Merkel, y no es poco). Poca materia prima para el chantaje (siempre siguiendo el escenario optimista). Pero todas sus ideas, estrategias y planes van a parar al escritorio de un tomador de decisiones gringo. Que las puede anticipar, usar y neutralizar, si fuere necesario.

No hablemos ya de que Snowden seguramente tenga aún mucho que mostrar. Esta fractura entre Europa y Estados Unidos —quizás la más seria que recuerde— no da muestras de sanar. La tecnología subyacente que le dio origen sigue avanzando y no están a la vista los diseños institucionales que permitan manejar la situación. Menos aún con la envenenada crisis por la que pasa el sistema político estadounidense. Como para morirse del susto en una noche de Halloween.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Francisco Gutiérrez Sanín