Por: Ernesto Macías Tovar

Temor al mandato popular

El bochornoso espectáculo ofrecido por las ramas del poder público alrededor de la mal llamada reforma a la justicia puso en evidencia el talante del gobierno, la anemia conceptual de las mayorías del Congreso y, por supuesto, la grave crisis de valores que sufren las cortes, en especial la Suprema.

Y, la apresurada salida en televisión del Presidente de la República para echarle la culpa de lo ocurrido al Congreso y posar de inocente ante a la gravedad de la situación, sin duda, fue a raíz del susto causado por las posibles consecuencias aparatosas que para su relección tendría el hecho de no frenar el huracán creciente del “referendo derogatorio” del adefesio, el cual recibía miles de firmas cada minuto. Santos sabía que contaba con la “Unidad Burocrática” para borrar con el codo lo que habían hecho con los pies, y por eso no dudó en proponer su hundimiento así fuera violando la Constitución; como al final sucedió.

Lo cierto es que se perdió la gran oportunidad, un tiempo valioso, y cuantiosos recursos del Estado gastados en algo que pudo haber sido y no fue; a pesar de quedar cada día más claro que una reforma estructural a la Justicia no solamente es necesaria sino urgente; y que, sin acudir al extremo desgastador de una revocatoria del Congreso es apremiante reformarlo para sacudirlo de la humillante dependencia del Ejecutivo. Sin embargo, está demostrado que dichas reformas no pueden ser realizadas por el mismo Congreso, porque seguiría expuesto al manoseo corruptor del gobierno ofreciendo “mermelada” y a la injerencia chantajista de la Corte Suprema.

La única salida que existe para sacar unas reformas profundas y descontaminadas de los vicios que minaron, desde su gestación la fracasada “reforma a la justicia”, es acudir al voto popular para que el ciudadano del común a través de unos delegatarios y en el corto plazo, modifiquen la Carta en lo atinente a la administración de justicia y al funcionamiento del Congreso.

Desde luego, cuando se habla de convocar una “asamblea constituyente”, de inmediato aparecen en su contra los artículos de cuatro columnistas y los cantos de sirena de dos o tres directores de medios quienes le hacen eco a los dinosaurios de la política bogotana que soterradamente tratan de manipular a la opinión. Y el único argumento que tienen para impedir la convocatoria de una “constituyente” es que sería la vía para una supuesta nueva elección del expresidente Álvaro Uribe. Aquí hay algo muy curioso: de llegarse a dar aquella maniobrada tesis y fundada prevención, ellos mismos saben que la sola reforma de por sí no elegiría a Uribe, pero sí le tienen mucho miedo a la hipotética oportunidad que el pueblo tendría de pronunciarse en las urnas. Al fin qué, si “Uribe es cosa del pasado” y dicen tenerlo acabado políticamente, ¿cuál es el temor frente a una Constituyente que se encargaría de reformar la justicia y el Congreso?

El mismo presidente Santos, quien no ha tenido la honradez de reconocer que la vía del acto legislativo fracasó, en entrevista con María Isabel Rueda para el gobiernista El Tiempo califica de “iniciativa alocada” la propuesta de la Constituyente; es decir, no oculta su temor al mandato popular.

@emaciastovar  

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