Por: Hernán Peláez Restrepo

Temprano el azul

Madrugó Millonarios en este 2015 a encender una ilusión en su enorme cantidad de hinchas, quienes sin importar la categoría del rival, lo acompañan a sabiendas de que va por buen camino.

Madrugó Millonarios en este 2015 a encender una ilusión en su enorme cantidad de hinchas, quienes sin importar la categoría del rival, lo acompañan a sabiendas de que va por buen camino.

Porque consolidó el sistema defensivo, así haya permitido un gol del Cortuluá, y especialmente en el mediocampo, zona de quite y producción, donde es evidente la comunicación existente entre Reina, Insúa y Silva, jugadores que sin tener oficio para marcar, poseen sensibilidad para hacer circular la pelota y encontrar a los dos de arriba, Uribe y Agudelo.

Millos llegó al descanso de los primeros cuarenta y cinco minutos con una sólida ventaja de tres goles, lo cual permitió a sus hinchas pensar en una goleada. Era cuestión de esperar y nada más.

Sin embargo, Cortuluá, que lució asustado, sorprendido, descompuesto, ofreciendo ventajas bien aprovechadas por los azules, reaccionó para el segundo tiempo y si no llegó a complicar del todo a Millos, le restó a este facilidades y de ahí que estuvieron pensando los tulueños en el tres a dos.

Ya en el cierre, Silva le puso punto final a la historia. Fue un amplio cuatro a uno y ahora es de esperar adversarios más fuertes y ahí se podría saber si el esquema de Lunari funcionará como hasta ahora lo hace.

En cambio el Deportivo Cali aún no cuaja, parece atascado, para usar un término invernal. Se le atravesó Alianza Petrolera, lo puso a correr y con un planteo interesante, porque todos sus jugadores reaccionaron como corresponde cuando se pierde el balón y se organizaron de tal forma que el Cali, como se dice vulgarmente, se “sacó los ojos“ pretendiendo llegar a donde Jerez.

Insisto, todavía en el Cali no se nota la mano del Pecoso Castro, quien nos tiene acostumbrados a ver sus equipos ordenados, luchadores y ante todo con ganas de ganar, así no se pueda.

Qué mal estuvo un jugador del Cali de apellido Roa. Armó al final un bronca que no pasó a mayores porque Machado, el juez, dio por terminado el juego.

Cometió agresión, provocación, como si ante la impotencia futbolística de su equipo, la manera de tranquilizar a los hinchas verdiblancos fuera derivar en una batalla campal. No sé si este Roa es buen jugador o llegará a serlo. Por lo pronto ingresó en la historia de los indeseables en el fútbol nuestro.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernán Peláez Restrepo