Por: Hernán González Rodríguez

Tendencias anarquistas

En las publicaciones de la izquierda radical internacional se destaca siempre su estrategia consistente en debilitar y enfrentar los poderes ejecutivo, legislativo, judicial y monetario, para aclimatar la anarquía y empobrecer a la población como vías rápidas para llegar al poder, para pescar en río revuelto, mientras toman ellos las riendas totales.

Porque, eso sí, tan pronto como las toman, reforman la Constitución, imponen el orden por medio de la fuerza bruta, desaparece la división de poderes, amordazan los ingenuos medios de comunicación que los apoyaron y se olvidan del Derecho Internacional Humanitario.


Tras leer las alabanzas de algunos columnistas para la Constitución de 1991 con motivo de los 20 años de su promulgación, no resulta absurdo advertir que se encaminan ellas a ambientar las estrategias descritas, las cuales propician ciertas tendencias anarquistas que se observan hoy en Colombia. Tras el bombo se agazapan consecuencias nefastas, con graves posibilidades de daños futuros, como lo sería la adopción por acá de un socialismo de los del Siglo 21.


Juan Manuel López Caballero afirmó recientemente que la séptima papeleta nunca existió, fue un Golpe de Estado, porque de acuerdo con un certificado expedido por la Registraduría para el expresidente Alfonso López Michelsen, "para ese despacho no había forma de regularla al no estar contemplada por la Ley". Por esto ni siquiera la escrutó la Registraduría.


Y concluye López Caballero: "Todavía se vende la versión distorsionada de Gaviria y la Constituyente, pero las encuestas muestran que el pueblo no come tan fácil cuento, ya que Gaviria siempre es el Presidente con mayor negativo, peor que Andrés Pastrana -a pesar de su frívolo cuatrienio y del Caguán- o Samper, a pesar del 8.000".


Desconocen la historia de la década tras la aprobación de dicha Carta, quienes la elevan a los altares. Recordemos los hechos. Las mayores cifras de asesinatos, masacres, secuestros y atracos de la Historia. Desplazamientos de campesinos y de alcaldes. Bogotá sitiada por la guerrilla. El narcotráfico eligiendo presidente. Congresistas apoyados por los llamados paramilitares o por las Farc. El sur del país en manos de "Tirofijo", para fundar allí su Caquetania. Sesenta partidos políticos con personería jurídica, plagados de incompetentes...


Insisto, hija de la Carta del 91 es, así mismo, la dictadura del poder judicial que nos agobia, que no funciona para los ciudadanos corrientes, a pesar de la innecesaria proliferación de Altas Cortes y de magistrados politizados. La institución de la tutela habría sido un gran avance de dicha Carta si posteriormente la Corte Constitucional no la hubiera prostituido.


En el campo monetario se crearon unas autoridades independientes, descoordinadas entre sí y del Congreso, incapaces de garantizar una tasa de cambio ligeramente devaluada para aprovechar los tratados de libre comercio y promover el empleo.


Esta anarquía institucional remata con la guerra jurídica que ha obligado a nuestras Fuerzas Armadas a bajar la guardia. Y el Ejecutivo, entre tanto, observa lo anterior obnubilado por revivir al Partido Liberal, sitiado por las circunstancias invernales y por las inconsecuencias de las Altas Cortes.

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