Por: Rodolfo Arango

Teología política

EL JUEVES SANTO SE PRESTA PARA reflexionar sobre la relación entre teología y política.

Con mayor razón luego del nombramiento en la Corte Constitucional de dos ternados por el Presidente de la República, así como de un Procurador General de la Nación, todos ex profesores de la Universidad Sergio Arboleda. Quien portara en vida este nombre pensaba que todo problema humano es en el fondo teológico y que la historia es interpretación de la voluntad divina, como nos lo recuerda Jaime Jaramillo Uribe en su libro Pensamiento colombiano en el siglo XIX. El mensaje de los tiempos es claro: la teología política ha regresado para quedarse por mucho tiempo, con perceptibles e impredecibles consecuencias políticas, culturales y sociales para el país.

Sergio Arboleda fue un aventajado defensor del hispanismo, católico militante y crítico del liberalismo. Como creyente vio en la combinación de virtudes cristianas, de doctrina tomista y del principio republicano de la separación de poderes una forma de gobierno que podría oscilar entre la teocracia, la democracia, la aristocracia, la monarquía o la oligarquía, según las circunstancias propias de cada pueblo. Siendo la cultura hispanoamericana más cercana al sentimiento religioso que a la racionalidad individualista anglosajona, por tradición tendemos a un gobierno donde el poder político se ejerce inspirado en la ley divina, no sujeto a la voluntad general del Legislador. Si ex profesores en funciones públicas son coherentes, es previsible que su lealtad esté con la Providencia más que con la Constitución y la Ley, tal como han sido establecidas por sus creadores.

El neoconservatismo colombiano, de la mano del intelectual inspirador de la Universidad que porta su nombre, reconoce las diferencias culturales entre españoles, criollos e indígenas, y propugna por la protección de estos últimos. Para Arboleda en el mundo reina la desigualdad y cada uno cumple el papel que la sabiduría divina le ha otorgado. La armonía en la unidad es creada por Dios, no por la intromisión de las ideas revolucionarias de ingleses y franceses, creadoras de escisión y conflicto. Error histórico de los próceres fue ir más allá de la independencia y adoptar instituciones liberales y constitucionales ajenas a la tradición católica e hispánica, propia de pueblos prósperos guiados por el gobierno del clero.

Pero quizás la tesis más inquietante del pensador conservador, fuente de inspiración para magistrados, fiscales y procuradores, consiste en considerar que no la libertad o la igualdad, sino la justicia es la base del orden social y político. La libertad es concebida en otras latitudes como autodeterminación individual, mientras que aquí carece de significación con independencia de la ley moral. La igualdad tiene sentido para experiencias históricas subyugadas por monarcas o señores feudales, no para pueblos evangelizados según principios católicos. En el pensamiento de Arboleda la desigualdad natural, la jerarquía social y la predestinación divina tienen sentido y deben ser preservadas. La voluntad divina debe primar sobre el positivismo, el individualismo y el egoísmo propio del pensamiento liberal. Estamos así advertidos y podemos intuir ya cuál será el posible curso de la doctrina constitucional colombiana en los años venideros.

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