Por: Mario Fernando Prado

Tercer puente volado por las Farc

Sigue en ensañamiento de la narcoguerrilla farquiana contra la indemne población civil del Cauca que, a manera de abrebocas, le está dando la bienvenida al ministro Iragorri.

No contenta con dejar en oscuras a Tumaco por más de dos semanas sin que a nadie pareciera importarle, decidió ahora emprenderla contra la tierra del ministro del Interior.

Cuatro torres dinamitadas en el Patía y Remolinos dejaron sin luz a la costa pacífica nariñense y las bajas de energía han afectado a más de 27 mil habitantes en sólo el Cauca, para no mencionar lo sucedido en Antioquia y lo que se viene pierna arriba en el Chocó, donde las amenazas de un nuevo paro armado tienen incomunicado a Quibdó con Antioquia.

Pero lo más grave sucedió a escasos cinco minutos del segundo municipio más importante del Cauca después de Popayán: Santander de Quilichao. Allí y sobre el puente del río Mandiva, los que hoy están tomando mojitos y escuchando canciones de Bola de Nieve en La Habana, hicieron estallar un carro bomba que afectó un 70% de dicho puente; hay paso restringido por un solo carril y es posible que se inhabilite el tráfico ante la inminencia de que se venga al piso, que en este caso sería al río.

Diez viviendas quedaron afectadas, cuatro se desplomaron, 28 niños se quedaron sin escuela y la carretera Panamericana que nos contacta con el segundo destino exportador de nuestro país, Ecuador, está a punto de colapsar si no hay forma de habilitar un atajo destroza-vehículos.

La voladura de este puente —que dicen estaba anunciada— se suma a los otros dos que sufrieron situaciones similares: el del río Ovejas, a pocos kilómetros de allí, y el del río Piendamó, a escasos 30 minutos de Popayán.

Dichos puentes aún no han sido reparados, a pesar de que llevan más de un año prometiéndolo. Así las cosas, el del río Mandiva se demorará hasta 2015.

Este es pues el humillante y degradante precio que deben pagar quienes viven, o mejor sobreviven, lejos de las comodidades y las seguridades capitalinas, cuyos heraldos parecieran ignorar las atrocidades criminales de los verdaderos enemigos de la paz.

 

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