Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Terna de miedo

Soplan vientos de clientelismo en el Banco Agrario. Lo último que se sabe es que su asamblea general, manejada por el Ministerio de Agricultura, al proveer los reemplazos de los miembros de la junta directiva designó para esas dignidades a Francisco José Lourido, Gustavo Gaviria Ángel y Carlos Murgas.

Al momento de escribir esta nota, la Superintendencia Financiera no ha impartido su aprobación a este curioso trío, que por muy respaldado que esté por el Gobierno, no debería ser aprobado porque respecto de cada uno existen motivos para impedir que asuman sus cargos.

Francisco José Lourido fue gobernador encargado del Valle del Cauca, cuando cayó el titular Juan Carlos Abadía, gracias a las marrullas politiqueras de Angelino Garzón, para entonces vicepresidente de la República. Lourido además de momio es consentido del momierío valluno y en particular de la poderosa familia Carvajal, pero también del procurador Alejandro Ordóñez, que lo ha protegido tanto como al exvicepresidente Garzón.

Lourido no es el llamado a ejercer como miembro de junta directiva de ningún banco, a juzgar por sus pésimos antecedentes. Las sociedades Salento S.A., Lourido Isaza y Cía. S. en C., Justo A. Lourido Garcés y Cía. S. en C., todas de la familia de Francisco Lourido, y Fiduciaria del Estado (esta como vocera de un patrimonio autónomo) vendieron un inmueble a la sociedad Promotora Termopacífico S.A., cuyo precio fue pagado con dineros de Emcali. Ese negocio, según la sentencia proferida por el Juzgado 12 Administrativo de Cali violó la moralidad administrativa, por lo cual la sociedad Salento fue condenada a restituir y pagarle a Emcali una suma superior a 16 mil millones de pesos. Mientras se desempeñaba como gobernador, Lourido y su familia, a través de esa sociedad Salento S.A., eran deudores de Emcali. Lo curioso de todo es que la citada sociedad fue convocada a reestructuración ante la Supersociedades, lo cual obviamente suspendió el pago de la condena impuesta por el juzgado administrativo. En su momento divulgué comunicaciones que probaban que, siendo Lourido gobernador del Valle, increpó desde su oficina en el Palacio de San Francisco al promotor de la sociedad Salento, designado por la Supersociedades, por no adoptar algunas decisiones que favorecían la entidad del mandatario seccional. Es decir, abusando de su cargo público, Lourido pretendió influir en asuntos privados de su interés.

Bastaría con la condena por violación a la moralidad administrativa a una sociedad de la que hace parte Lourido, para que la asamblea del Banco Agrario descartara su nombre como directivo. Lo hicieron miembro de su junta porque también hace parte de los privilegiados del Ministerio de Agricultura, o porque designándolo le hicieron una seña amable o le pagaron un favor a otro de los momios caleños que siempre andan abogando por Lourido.

Inquietante también la designación de Gustavo Gaviria Ángel en la junta directiva del Banco Agrario, pues si bien antes había ejercido esa dignidad, tuvo que renunciar a ella para evitar un conflicto de intereses suscitado por causa de un préstamo que le fuera concedido y cuyo plazo debía prorrogar la junta de la que hacía parte.

Respecto del otro miembro de junta, Carlos Murgas, bien conocido en el sector, su familia y él son deudores de multimillonarias sumas, detallito que también fue inadvertido por la asamblea del Banco.

Si eso pasa en el Banco Agrario, apague y vámonos. Sólo falta que la Superfinanciera incurra en el desafío de autorizar a Lourido, Gaviria y Murgas a que asuman como miembros de su junta directiva.

 

Adenda. El proyecto de acto legislativo Nº 4 de 2015, por medio del cual se establecen instrumentos jurídicos para el desarrollo normativo de los acuerdos de paz, es un golpe de Estado. La Corte Constitucional sólo podría revisar los actos legislativos por vicios de procedimiento, los cuales podrían ser modificados sólo si lo permite el Gobierno. Eso no se le había ocurrido ni a Maduro. Nunca antes se había visto un proyecto que atropellara todos los principios republicanos. Aterrador que ese esperpento vaya en el quinto debate y nadie haya protestado.

 

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