Por: Augusto Trujillo Muñoz

Testigos de su época

La revista “Time” elaboró una lista de las cien personas más influyentes del mundo.

Se trata de “titanes, pioneros, artistas, iconos y líderes” cuyas vidas, a juicio de la revista, son “un himno a la interacción y la convergencia que se produce cuando se trata de armonizar una buen idea”. La frase es un poco vaga y la lista, naturalmente, resulta discutible. Está inscrita en la inefable tendencia norteamericana a mirar estos temas con la óptica de que el mundo se acaba donde se acaban sus fronteras culturales y políticas.

Sin embargo, los ejes de la historia humana han girado por fuera de la historia gringa desde siempre. De ello dan testimonio los asirios, los persas, los chinos, los hindúes, los incas, los mayas, los egipcios, los griegos, los romanos, los árabes, los turcos y, en épocas más recientes, españoles, franceses, portugueses, italianos, rusos han compartido la historia de la Modernidad con los anglosajones.

Al revisar el registro de “Time”, enriquecido por figuras de la farándula, se me ocurrió pensar en una lista más reducida y menos contaminada de frivolidad: un personaje por siglo y uno por milenio. Esos serían los auténticos testigos de su época. Me circunscribí a los siglos xxi, xx y xix, en los cuales son omnipresentes los anglosajones, y al milenio en cuya última mitad cual éstos proyectaron su influencia con vocación universal.

Al hacer el ejercicio, con algunos de mis alumnos, empezamos de adelante hacia atrás, es decir, a partir del presente siglo. Coincidieron ellos en que era demasiado pronto para anticiparse a mencionar el testigo del siglo xxi. Pero también concordaron en que no era aventurado, desde ahora, mencionar a alguien que ya tiene un sitial gigantesco como protagonista de cambios silenciosos: el papa Francisco, un eclesiástico argentino.

Les resultó más fácil encontrar el testigo del siglo xx: Fidel Castro. El líder cubano que en las propias goteras de una gran potencia se levantó contra ella, a la cabeza de unos cuantos apóstoles alucinados con un proyecto político que –más allá de aciertos y errores- mantuvieron con dignidad, incluso cuando las revoluciones se volvieron asunto del pasado. En virtud de las paradojas de la historia, Cuba y Estados Unidos son un poco el futuro inmediato de América, mientras Venezuela representa su pasado.

Tampoco les fue difícil converger en el testigo del siglo xix. Yo pensé en Napoleón Bonaparte. Sin embargo los muchachos prefirieron otro: Simón Bolívar, quien al liberar cinco repúblicas logró una hazaña universal. Como se lo dijo Choquehuanca en 1825: “Nada de lo hecho hasta ahora se asemeja a lo que habéis hecho y para que alguno pueda imitaros, será preciso que haya otro mundo por libertar”.

El testigo del milenio fue el más difícil de todos. En un momento dado les anoté que la historia del mundo, transcurrida entre los años 1000 y 2000, no podía entenderse sin América. Entonces coincidieron en un nombre: Cristobal Colón, el navegante ítalo-español que descubrió el nuevo continente. Es curioso: los desarrollos modernos, que son hijos del pensamiento de anglosajones, holandeses y franceses, tienen en los hijos de esta América ibérica sus grandes protagonistas. Vaya lección para los gringos.

*Ex senador, profesor universitario, @inefable1

 

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