Por: Cartas de los lectores

Testimonio compartido de una víctima

 La guerrilla mató a mi papá el 11 de febrero de 2001. Todos los días, desde entonces, pienso en ello y acompañan mis recuerdos el horror, el miedo y el dolor.

Sin embargo, desde hace dos años, empecé a sentir esperanza. Esperanza en un futuro mejor para mi familia, para mi mamá, para mis hermanos, para mi hija, para mis sobrinos, para los niños y jóvenes colombianos, e incluso para mí. Comencé a sentir esperanza y un poco de alivio cuando vi que este gobierno presentaba una propuesta seria de proceso de paz con las Farc y que mes a mes iban llegando a acuerdos y se consignaban logros. Como víctima, no creo en la guerra puesto que sé que el único camino para vivir de manera civilizada es reconociendo al enemigo, sentándose a hablar con él. La paz es difícil, infinitamente más difícil que la guerra, porque implica pensar, oír al otro y convencerlo.

La paz requiere perseverancia, paciencia y mesura, y aun así no es perfecta, pues tampoco significa el fin de la violencia, no soy ingenua. Aun así, prefiero una paz imperfecta a una guerra perpetua. Quiero que mi hija no sufra lo mismo que he sufrido, lo que mi familia y las más de 220.000 familias de las víctimas de esta guerra hemos sufrido, porque en Colombia hay más de seis millones de desplazados. Son más de 220.000 muertos los que hemos puesto. No quiero pues que mi hija viva con el miedo que he vivido en estos últimos 13 años; al contrario, quiero que nuestros niños conozcan una Colombia que nosotros no hemos conocido, que la guerra la vean sólo en los libros.

En los últimos años en el mundo han concluido más de diez procesos de paz.

Algunos han sido cortos, como el de Nepal, que duró cuatro años; otros más largos, como el de Irlanda del Norte (21 años); el de Colombia en este último intento lleva dos años, con acuerdos en tres de los cinco puntos pactados.

Por eso los invito, si aún no están decididos, a que nos demos esta oportunidad, a que pensemos por nosotros mismos y hagamos la paz, a que salgamos de nuestras casas y votemos por la paz. Ya el proceso está muy cerca del fin y ha empezado a discutirse un punto crucial: el de las víctimas.

 

Ana Cristina Vélez López.
Medellín.
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