“The New York Times” se equivocó

Noticias destacadas de Opinión

El periodismo se ha vuelto un asunto de nichos. Leemos o consumimos los medios en los que resuenan nuestras posiciones políticas y nos gusta menos contrastar nuestras opiniones. Cada vez nos ofende más el punto de vista contrario y tenemos más plataformas para escenificar esa indignación. Ya no solo la volvemos un espectáculo de masas, sino que también recibimos gratificación emocional por ello. La opinión política es una fuente instantánea de dopamina. Somos más populares gracias al torbellino de "Likes" y "Retweets", y al aumento en los seguidores, que además potencialmente tiene valor comercial.

Hoy es más fácil medir la popularidad de nuestras opiniones y más fácil capitalizarlas. Eso no solo afecta la manera como los medios de comunicación interactúan con su audiencia y definen su contenido, sino cómo hacen sus proyecciones financieras.

Por eso, cuando una columna publicada en un diario genera una ola de indignación por motivos ideológicos, el tema ya no es un asunto de las cartas al editor, sino que a veces ruedan cabezas en tiempo real.

El editor de opinión del New York Times, James Bennet, renunció luego de la ola de críticas que recibió el periódico por publicar una la columna titulada “Tom Cotton: Send In the Troops”, en la que el senador de Arkansas, Tom Cotton, pedía que el gobierno federal enviara al ejército para combatir los saqueos y la violencia en las ciudades estadounidenses.

Es una posición canalla y antidemocrática que escuchamos también en Colombia cuando hay protestas, y estoy en desacuerdo absoluto con ella; pero la reacción del periódico también es preocupante para el libre debate democrático.

La insuficiente explicación oficial es que la columna no llegaba a los estándares que exige el New York Times. Sin embargo, Cotton no difamó a ningún individuo. Nadie podría exigir una rectificación por ella. El periódico añadió al escrito de Cotton una nota editorial en la que dice que no debió haber publicado la columna, y enumera cuáles son las afirmaciones que el periódico debió haber exigido que se alteraran porque no están demostradas y son exageradas.

En la columna, no obstante, estas afirmaciones vienen acompañadas de ejemplos, o remiten a afirmaciones del fiscal general. Pueden ser equivocadas, pero no es que, como dice el periódico, carezcan de sustento alguno. ¿Acaso qué tanto debe sustentarse cada columna de opinión para que no le pidan la renuncia al editor? El periódico llega al extremo de decir que el tono de la columna fue innecesariamente duro. Así es: “el tono de la columna”. ¿Cómo van a controlar entonces el “tono” de las opiniones, cuál es el criterio objetivo? ¿Qué espacio queda, por ejemplo, para las opiniones provocadoras?

Ha rodado el rumor de que Bennet no leyó la columna del senador Cotton antes de publicarla, y que por eso le han pedido la renuncia. Quizás sea cierto. También existe el rumor de que la persona que lo ha reemplazado, Alex Kingsbury está pidiendo a sus subalternos que "cualquiera que vea una pieza de opinión periodística, titulares, mensajes en redes sociales, fotos -lo que sea- que les genere la más ligera pausa, por favor llámenme o mándenme un texto de inmediato". ¿Qué opiniones serán más aceptadas y cuáles tendrán más filtros? No sabemos. No parece ser un proceso enteramente transparente.

Cuando El Espectador publicó la muy criticada serie de columnas de Fernando Vallejo, siempre defendí su decisión de seguir publicándolas. Me parecía más valioso el ejercicio de defender la libertad de expresión, así rayara en el libertinaje, y abrir el debate, que la solución fácil: no publicar. Esas opiniones no van a desaparecer si no la enfrentamos y metemos la cabecita en nuestros nichos, como un avestruz.

No, no me gusta escuchar esa posición, y sí, me hierve la sangre que alguien haga esas propuestas, pero creo importante distinguir que, primero, si un periódico publica ciertas opiniones, o escoge incluir otros puntos de vista en su plataforma, no quiere decir que las respalde; y segundo, es parte de una democracia que circulen opiniones con las que no estamos de acuerdo. Esa claridad se está perdiendo.

Me canso de las páginas de opinión de los medios en las que todos los columnistas tienen una línea similar. Al abrir una página de opinión quiero ver un contraste de voces, incluso extremas, no una cacofonía que casi insulta la confianza que el medio tiene en mi capacidad para armarme mi propio criterio.

Habiendo dicho esto, también es cierto que los medios que no son de derechas están más dispuestos a incluir opiniones diversas, y esto inclina de forma injusta la balanza a favor de las ideologías de derecha. Si los que son de derecha solo publican opiniones de derecha, y los otros todavía se apegan al "contraste de opiniones", pues la derecha queda más representada. Es el problema de los demócratas: suelen jugar limpio.

Finalmente, queda la posibilidad de que Bennet haya sido un mal editor y no leer esta columna fuera la gota que rebasó la copa. No lo sabemos. A pesar de que el diario ha publicado explicaciones, en este contexto no parecen claras y dejan preguntas abiertas. Queda la impresión de que algunas opiniones en adelante se van a censurar, y esto no hace más que darles munición a quienes, desde la derecha, menosprecian al diario por estar ideologizado. Quizás el New York Times no ganó al haber publicado a Cotton, pero al haber reaccionado así, se siguió encerrando en un nicho.

Twitter: @santiagovillach

Comparte en redes: