Por: Carolina Botero Cabrera

¡Tiembla Times Square! Bogotá es ahora inteligente

¡Qué más da! En medio de nuestro caos bogotano, siempre se agradece que nuestros dirigentes nos den material para una sonrisa. Si el tema del urbanismo no fuera serio, esto del semáforo inteligente sería tan solo un chiste, pero hay más detrás.

Más allá de cuestionarnos sobre la forma como los medios hacen eco de agendas oficiales que celebran un semáforo, riámonos (y demos material a otras ciudades para que se unan a la fiesta): el semáforo es el punto turístico de moda en Bogotá. ¡Tiembla Nueva York! El encuentro para el conteo regresivo de año nuevo cambia de lugar: ya no hablaremos de “paseo de olla”, sino de “paseo de semáforo”...

Este semáforo es la punta del iceberg y, para ser honestos, muchos de los artículos periodísticos nos contaron algo de esto. Pero es que... ¡la papaya estaba rebien servida!

El punto es que, aunque hoy está solo, el semáforo formará parte de un sistema con “una serie de sensores que revisan la concentración de tráfico que hay en un punto específico de la ciudad y, con base en esa información, coordina a todos los semáforos para aliviar la congestión”. Esto tiene más sentido, no en vano una ciudad inteligente es aquella en la que el despliegue de sensores de todo tipo, controlados por las administraciones públicas y los grandes proveedores de servicios, permitiría monitorizar en tiempo real la vida urbana en diferentes niveles, como el tráfico.

Estoy convencida de que la idea de “ciudades inteligentes” nació, en esencia, como un gran proyecto de marketing. Quedarnos solo en eso sería muy simplista. La tecnología en las ciudades se está desplegando y, aunque es atractiva la idea de reclamar que podemos quedarnos con “ciudades estúpidas”, la realidad es que suena a imposible. Hay que reconocer que la tecnología puede tener impactos positivos.

Para desarrollar su potencial y no quedarse en el mal chiste, la ciudad inteligente debe dejar de ser tecnosolucionista y enmarcarse en un proyecto democrático y participativo donde lo inteligente incluye, además, revisar las opciones y mitigar los riesgos.

Cuando leo sobre el semáforo del Museo Nacional, veo el anuncio de otra decepción desde la dirigencia de mi ciudad: Bogotá va a desplegar soluciones de ciudades inteligentes, tecnocéntricas, y aún no nos cuentan el modelo ni el plan de mitigación de riesgos. ¿Cómo van a gestionar tanto dato que andará suelto por ahí? Y no vale con que nos digan que están cumpliendo con la Ley de Protección de Datos, que ya sabemos que se quedó corta hace rato.

En materia de ciudades inteligentes, podemos construir infraestructura primero y luego pensar en su mejor uso, o podemos tomar los problemas para identificar posibles soluciones tecnológicas que los resuelvan. También podemos montar una ciudad policiva megavigilada o pensar en ciudades que den autonomía ciudadana. Podemos poner la infraestructura primero o dar la vuelta para poner a la ciudadanía en el centro. Recuerden que, en todo caso, detrás de la mayoría de estas decisiones están las decisiones sobre los datos: ¿de quién son?, ¿quién tiene acceso a ellos?, ¿para qué?

El semáforo del Museo Nacional me dice que Bogotá, como ciudad inteligente, no tiene un plan que incluya a la ciudadanía inteligente. Este vacío hace que no tengamos una visión colectiva de la ciudad que queremos y, por tanto, cambiará cada tres años según quién gane en la polarizada política local.

Es posible que una vez más este semáforo se mantenga aislado materializando los chistes. Por dentro, como rolos y rolas, sabemos que los chances de éxito son pocos. Es difícil que un manojo de semáforos controlen el tráfico. Ni siquiera reemplazarán a los policías que aparecen durante las horas pico (cuando aparecen) porque, en todo caso, el sistema completo será insuficiente y el tráfico seguirá estancado durante años.

Como alcalde de Bogotá, me daría vergüenza semejante paño de agua tibia frente a los rezagos de un sistema de transporte público insuficiente y desbordado. Ese pobre semáforo, incluso con su grupo de semejantes, por mucho tiempo solo tendrá una opción: fallar.

Nota. Por cierto, ¿a dónde van a parar los semáforos que vamos a desechar? Alguien me dijo que van para ciudades intermedias o más pequeñas (regalo o venta). ¿Cuál es entonces el plan de ciudad inteligente/estúpida en otras ciudades?

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2019-08-17T00:00:30-05:00

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