Por: Julián López de Mesa Samudio
Atalaya

Tiempo de juego

Hace algunas semanas se realizó el lanzamiento del documental Antes de tiempo, el cual retrata la difícil circunstancia del embarazo adolescente en Altos de Cazuca.

El documental es el producto de una investigación periodística de más 12 años de trabajo con padres y madres adolescentes de la localidad y fue realizado por la Fundación Tiempo de Juego y la productora cazuqueña Labzuca. Aunque las imágenes y las historias contadas son crudas y reflejan la realidad propia de muchas comunidades vulnerables en Colombia, existe una particularidad en el caso de Altos de Cazuca: tras la llegada de la Fundación Tiempo de Juego a los Altos, los embarazos adolescentes han ido disminuyendo sustancialmente gracias, en buena medida, a la influencia positiva de la Fundación en la comunidad, producto de un trabajo constante, silencioso, prudente, decisivo.

¿Cómo ha operado ese milagro? Gracias al trabajo que comenzó desde hace más de una década en uno de los muchos potreros de los Altos con la llegada de Andrés Wiesner, el fundador, y una pelota de fútbol. Así comenzó Tiempo de Juego, una fundación como ninguna otra que arrancó desde la base, sin recursos, casi por casualidad y que es hoy un ejemplo de éxito en cuanto a gestión, sostenibilidad e impacto social.

Los sábados desde muy temprano desembocan desde muchas calles y callejuelas ríos de naranja y blanco sobre el parque y la cancha de Tibanica: es el ejército de Tiempo de Juego con sus vistosos uniformes dispuestos a tomarse el barrio a través del deporte, el arte, el emprendimiento y la educación. Un ejército de cientos de niños y jóvenes, muchos de ellos con sus padres, que se dispone a empezar las actividades del día que incluyen no solo fútbol, sino otros deportes, distintas disciplinas del atletismo (ya han tenido en sus filas campeones nacionales y panamericanos), teatro, danzas, porras y muchas más. Y entre semana hay diversas actividades cuando termina la jornada escolar: Tiempo de Juego provee espacios para apoyo de tareas, capacitaciones (ya no solo para jóvenes, sino para todos los miembros de la comunidad interesados) y actividades lúdicas y de esparcimiento.

Pero el objetivo de Tiempo de Juego va aún más allá y es el de transmitir valores de paz y convivencia y fomentar, con el ejemplo y la práctica, la autogestión y el espíritu colaborativo comunitario. Por eso su labor ha sido instrumental y decisiva en la reparación del tejido social de una comunidad que otrora fue orgullosa de sus orígenes y de sus gestas y que, gracias a la Fundación, volvió a levantar con dignidad la cabeza y a mirar con optimismo y esperanza al mañana.

Y no es para menos: basta con descender al sótano de una de las sedes donde funciona el taller de estampado de la Fundación y la panadería La Jugada —autogestionada por las madres de Tiempo de Juego—, para emocionarse con el increíble trabajo que se hace en los estudios de la productora audiovisual Labzuca que allí funcionan. Una productora completamente manejada por los jóvenes de la localidad quienes quizás, en otro tiempo, antes de Tiempo, hubiesen sido víctimas de los males que aquejaban a ésta y que aun aquejan a otras muchas comunidades alrededor de Colombia.

En estos tiempos en que se discute por doquier la paz y se teoriza sin fin, bien harían el Estado, la empresa privada y nosotros los ciudadanos en aprender de Tiempo de Juego cómo se hace real la paz, la convivencia y el progreso desde la base.

@Los_Atalayas, [email protected]

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2018-12-13T01:30:51-05:00

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