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hace 6 horas
Por: Jorge Tovar

Tiempo efectivo de juego

Mucho se ha escrito del tiempo efectivo de juego en los últimos años. En el Mundial de Rusia, entre otras métricas, esta fue una de las más llamativas porque nunca se llegaron a jugar los noventa minutos. En efecto, el tiempo promedio de juego efectivo fue de algo más de 56 minutos y 45 segundos. Analicemos hoy una métrica nueva, al menos no la he visto. ¿Cómo evoluciona el tiempo de juego efectivo a lo largo del partido?

El partido con mayor tiempo efectivo de juego, considerando solo los primeros 90 minutos, fue Bélgica vs. Inglaterra por el tercer puesto. Sin la ilusión del partido de semifinal, pareciera que se dedicaron a jugar, buscando simplemente terminar de la mejor manera el Mundial. Ello llevó a que se jugasen efectivamente algo menos de 67 minutos y medio. En contraste, el partido con menor tiempo de juego efectivo fue Irán vs. Marruecos. Apenas disputaron efectivamente el balón durante algo más de 47 minutos.

Pero esos son datos que, en general, no deberían sorprendernos. Más interesante es indagar por el tiempo efectivo de juego a lo largo del partido. Con datos del Mundial de Rusia 2018 analizo cada 15 minutos el tiempo efectivo de juego. Debo admitir que no tenía una hipótesis clara, pero los resultados no son del todo inesperados. La gráfica muestra los hallazgos. El partido comienza con poca intensidad. Es aquella historia típica de los comentaristas deportivos de que “los equipos se están reconociendo”. Se juegan efectivamente algo más de cuatro minutos y medio. En los siguientes 15 minutos se disputa en promedio algo más, pero la diferencia no es estadísticamente significativa, es decir, no hay una diferencia sustantiva en el tiempo efectivo de juego durante la primera media hora de partido.

Los últimos 15 minutos del primer tiempo, en cambio, son más activos. Los más de cinco minutos efectivos que se juegan son una cifra sustancialmente superior a la de la primera media hora. En el segundo tiempo, sea por cansancio o reserva de energía para empujar al final, es cuando menos se juega. En cada uno de esos períodos de 15 minutos se juegan menos de cuatro minutos y 30 segundos. Lo anterior contrasta con los últimos 15 minutos de juego, entre el minuto 75 y 90. Se rozan los cinco minutos y 30 segundos de tiempo efectivo. Pareciera pesar más el intento de quien quiere ganar el partido (o buscar el empate), que el de aquellos que simplemente quieren defender el resultado. Es decir, mientras unos tradicionalmente buscan ralentizar el juego, otros buscan acelerarlo. La diferencia de tiempo de estos últimos 15 minutos es superior en el sentido estadístico a todo el segundo tiempo.

El tiempo extra, al haber menos observaciones, presenta estimaciones más imprecisas (es decir, la línea amarilla vertical es más larga). Sin embargo, pareciera darles alas a quienes desean eliminar el tiempo adicional. El tiempo efectivo de juego baja sustancialmente.

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