Por: Claudia Morales

“Tiempos recios” en Colombia

De todos los mensajes distorsionados y mentirosos que mandó el Gobierno del presidente Duque sobre la marcha, el que más me impactó fue el de la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez.

Ustedes seguramente vieron el video, así que no vale la pena gastar caracteres replicándolo. Pero sí me parece importante responder que Es una pena que una mujer en su cargo tenga como característica la ausencia de empatía y, sobre todo, la falta de humildad para reconocer que muchísimas mujeres de todos los estratos, oficios, edades y razas, que ella debería representar, también encontraron razones para protestar por un Gobierno mediocre, y ninguna de ellas lo hizo con la intención de destruir lo que a lo largo de 200 años hemos construido como país, como lo afirmó la señora Ramírez.

Lo que pasó a lo largo de estos días con la estigmatización orquestada desde la derecha que gobierna y legisla me trajo a la mente fragmentos de Tiempos recios, la novela más reciente del escritor Mario Vargas Llosa. La historia está basada en los hechestigmatizos reales que ocurrieron en Guatemala en 1954, cuando el gobierno de Dwight D. Eisenhower, la CIA y el militar Carlos Castillo Armas dieron un golpe de Estado contra el presidente Jacobo Árbenz, electo democráticamente.

La United Fruit Company, de origen estadounidense, estaba en ese país, operaba sin control alguno del Estado y rechazó la reforma agraria planteada por Árbenz con la que, entre otras cosas, la empresa tendría que pagar impuestos. Entonces, ¿cuál fue su estrategia? Contratar a un publicista con el que inventaron que el mandatario guatemalteco tenía el plan de llevar el comunismo a su país con recursos de la Unión Soviética. Lo que hoy llamamos fake news se vivió en todo su esplendor y, claro, medios locales y de Estados Unidos contribuyeron con las mentiras y la desinformación. Los ciudadanos, con poco interés en ir más allá, cayeron en un estado de pánico como parte de la estrategia.

Árbenz nunca tuvo contactos con la Unión Soviética, es más, veía en las políticas de los Estados Unidos un ejemplo a seguir. El publicista de la United y toda la gente de la compañía lo sabían, pero lo que necesitaban era crear caos y destruir para proteger sus intereses.

Mentiras, miedo, estrategia controlada, allanamientos e infamias. Por eso pensé en Vargas Llosa y en nuestra coyuntura. Duque tuvo la gran oportunidad, otra desperdiciada, de apartarse de esas prácticas ya viejas y conocidas, y de conectarse con esa empatía ausente que mencioné al principio. Qué torpe. O no, más torpe yo que pensé que eso era posible. A veces las utopías me ganan.

Aclaro que esta columna entró a cierre de edición el miércoles por la tarde, es decir, antes de la marcha. Mientras escribo esto, tengo ese vacío en el estómago que produce lo incierto: es tanto lo que el Gobierno ha dado por hecho, que pareciera que todo estuviera estrictamente planeado para que ocurran los peores actos violentos.

Sin embargo, hay algo sobre lo que no tengo duda. Sí creo en el poder de salir a la calle pacíficamente a reclamar respeto por la libertad del ser y por la vida de quienes se exponen en la guerra, y esto incluye a los miembros de la fuerza pública, tan pobres como los que llegan a las filas de las disidencias y de los paracos. Los nadies de Eduardo Galeano. Protesto porque quiero que se oigan voces de paz, y porque quiero creer que algún día tendremos un gobierno que sí nos represente. Ni este ni los anteriores lo han logrado.

@ClaMoralesM

* Periodista.

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2019-11-22T00:00:06-05:00

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2019-11-22T08:49:33-05:00

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