¿Cuáles son las razones de la movilización?

hace 7 horas
Por: Carlos Granés

Tiempos recios, o el momento en que América Latina se volvió a joder

Hubo un punto de quiebre en la historia latinoamericana que cambió la mentalidad de los jóvenes, sus horizontes ideológicos, su visión de la política. Antes de ese momento, sus anhelos estaban teñidos de nacionalismo, un nacionalismo que bien podía ser de derechas: elitista y jerárquico, o de izquierdas: popular e indigenista, ambos antiyanquis. Peligrosamente cerca del fascismo, algunos de estos jóvenes anhelaron un triunfo del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Alemania, pensaban, no tenía intereses colonialistas, y su triunfo podría significar el fin del yugo gringo sobre el continente. De ahí que hasta 1945 la gran preocupación de los yanquis fuera la evidente penetración fascista en América Latina.

Pero entonces acabó la Segunda Guerra Mundial e inició la Guerra Fría, y el sensato recelo hacia el fascismo se convirtió en un patológico delirio anticomunista. Los yanquis empezaron a ver hoces y martillos por todas partes, sobre todo allí donde presidentes reformistas, recién llegados al poder, recortaban privilegios a las compañías estadounidenses. Llevados por la paranoia y por campañas de desinformación que harían ver a las fake news de hoy como memes intrascendentes, se cobraron su primera víctima, Jacobo Árbenz, el presidente de Guatemala democráticamente elegido en 1950, que había expedido leyes que frenaban los abusos de la United Fruit Company.

Este es el contexto en el que Vargas Llosa encuadra su última novela, Tiempos recios, un deslumbrante fresco de esa época de luchas por la democratización del Caribe, en la que Estados Unidos, de forma contradictoria, se puso del lado de la dictadura. Obsesionados con un comunismo residual, insignificante como fuerza política y sólo influyente, por momentos, en Chile, Costa Rica, El Salvador y Bolivia, los yanquis dejaron de combatir el fascismo para patrocinarlo, apoyando aquí y allá dictaduras militares de ultraderecha. La paranoia les nubló la vista. Nada de lo que hizo Árbenz para demostrar que sus reformas no eran comunistas, sino un intento por desarrollar el capitalismo en Guatemala, tuvo efecto. El coronel Carlos Castillo Armas, apoyado por la CIA, entró a Guatemala desde Honduras, y a punta de bombardeos se tomó el poder. Hubo una reacción popular a favor de Árbenz, una suerte de guerrilla en cuyas filas se matriculó un joven argentino, médico de profesión y aventurero por vocación, que viajando por Latinoamérica se había interesado por las políticas de Árbenz y había redirigido sus pasos hacia Guatemala. Se trataba, claro, del Che Guevara.

Para salvar su vida, Guevara tuvo que asilarse en la embajada argentina y luego viajar a México. Allá conoció a Fidel Castro, justo cuando planeaba el desembarco en Cuba para iniciar la revolución. Lo significativo aquí, y justo a donde apunta la novela de Vargas Llosa, es que el gran error de Estados Unidos en Guatemala fue lo que radicalizó a los revolucionarios cubanos. Como si se tratara de una profecía que se autocumple, el anticomunismo cerril que avivaron cuando no había comunismo en América Latina terminó llenando de comunistas el continente. Tiempos recios, paradójicos, que trajeron un cambio ideológico en la región —de nacionalistas filofascistas a comunistas internacionalistas— y engendraron un nuevo ciclo de violencia.

885360

2019-10-10T15:22:57-05:00

column

2019-10-10T16:52:15-05:00

[email protected]

none

Tiempos recios, o el momento en que América Latina se volvió a joder

70

3432

3502

1

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Carlos Granés

Críticos de arte que nos expliquen la política

El fuego catalán no es el fuego chileno

La locura en torno a Greta Thunberg