Por: Marcos Peckel

Tierra del hombre nuevo

Tirana, Albania.  Así designó el dictador comunista Enver Hoxha a este país enclavado en la  región occidental de los Balcanes con una extensa costa sobre el Adriático, tres millones de habitantes y una diáspora mayor, regada por el resto de los  Balcanes y Europa.  La palabra “balcanización” se usa para denotar una región fraccionada, sumida en  guerras permanentes, víctima de invasiones, conflictos internos y juegos de poder de las potencias.

La historia de Albania es paradigma de la de esta región ubicada en los confines de Europa.  País de mayoría musulmana por sus largos años como parte del imperio otomano y  una  considerable minoría cristiana ortodoxa,  aunque buena parte de la población se declara no religiosa. Albania tiene su propio idioma de raíces indo-europeas lo que le da a su gente un importante ancla de identidad.

El casi medio siglo de férrea dictadura comunista dejó  una huella indeleble en la de por si traumática historia de este  país, adonde llegaron invasores de todos los pelambres. Sin embargo, en la segunda década del tercer milenio, tras la caída del comunismo y unos primeros años caóticos, el país parece haber  encontrado el rumbo,  aunque sigue siendo el país con el mas bajo ingreso per cápita en Europa -unos 5 mil dólares-,   ha ascendido a  país de ingreso medio.

La dictadura de Hoxha, conocido como el “último stalinista”, hizo estragos en el país,  tanto  en la economía  como en el tejido social. Hoxha rompió con la Unión Soviética cuando Kruschev denunció los crímenes de Stalin, rompió con China a la muerte de Mao cuando comenzaron las reformas impulsadas por Teng Xiao Ping y se mantuvo en la línea mas ortodoxa del comunismo  hasta su retiro a comienzo de los años 80. 

El tránsito de la dictadura comunista a un sistema parlamentario fue tortuoso y aún no concluye. A finales de la década de los 90 el país cayó en la absoluta anarquía y  sus fuerzas de seguridad se disolvieron  tras el colapso de  un sistema financiero paralelo en el que dos terceras partes de la población habían invertido  su dinero. No eran mas que pirámides -DMGs balcánicas- que  enviaron a la miseria a más de la mitad de los habitantes  y frente a las cuales las autoridades se hicieron los de la vista gorda hasta que fue demasiado tarde.            

El museo BunkerArt  acá en el centro de Tirana, construido en uno de los muchos búnkeres construidos por Hoxha para “proteger” a la población de un ataque nuclear  es una conmovedora exhibición de las indescriptibles  atrocidades del régimen. Las playas del adriático y el egeo son un gran atractivo para el turismo que se esta convirtiendo en uno de los motores de la economía. En  partes  del paisaje del país aparece grabada la palabra “never”, un juego de palabras convertido del “enver” señalando la misión nacional de nunca jamás volver a la dictadura.  

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