Por: Carlos Granés

“Tierra negra con alas” y el puente entre Europa y América

Hay una enfermedad llamada bibliofilia de la que siempre me he cuidado. Temo padecerla porque a sus víctimas les incuba un vicio extraño, poco comprendido a pesar de ser totalmente inocente y pacífico, que consiste en recorrer como un adicto mercados de pulgas, bodegas polvorientas, locales inverosímiles en busca de libros viejos, e imponer como prioridad de cualquier recorrido, en cualquier ciudad, la visita de las librerías de segunda.

Aunque Héctor Villarraga, un amigo librero, me manda las esporas de esta enfermedad en forma de fotos con la cubierta de primeras ediciones de Borges, de Neruda, de Octavio Paz, de mi abuelo Rafael Maya, aún no ha logrado contagiarme. Me cuido, insisto. Pero en cambio agradezco que otros dos amigos, los españoles Juan Bonilla y Juan Manuel Bonet, tengan las defensas bajas y convalezcan desde hace décadas de esta bibliofilia empedernida, porque de su incurable vicio por los libros viejos, más específicamente los de poesía latinoamericana de las tres primeras décadas del siglo XX, ha salido una de las recopilaciones más maravillosas que uno pueda imaginar: Tierra negra con alas: Antología de la poesía vanguardista latinoamericana.

La suya ha sido una labor titánica. Han rastreado toda la creación poética del continente, país por país, de México a Chile, a lo largo de ese período vanguardista que en Latinoamérica se inició hacia 1914 y que se extendió hasta los años 30; un período de euforia y dinamismo, cargado de ansias de renovación y de ilusiones futuristas en el que la poesía se despojó del tono lúgubre y aristocrático del modernismo y se hizo juego, experimentación, carcajada lúbrica, ruido citadino, jazz, caligrama, zumbidos de hélices, ondas hercianas...

Lo cuenta a las mil maravillas Bonilla en el prólogo del libro, un amplio recorrido en el que muestra cómo la vanguardia europea, en especial el futurismo, dio el salto a América Latina, para contagiar la sensibilidad de jóvenes atraídos por lo nuevo hasta instigarles el anhelo de ser los primeros en versificar el mundo con formas, metáforas y expresiones nunca antes vistas. Así nacieron el creacionismo, el simplismo, el estridentismo y decenas de ismos más, todos ellos adaptaciones locales más o menos drásticas de los grandes giros promovidos por las figuras tutelares de la vanguardia: Huidobro, Borges, Vallejo, Maples Arce, Mario de Andrade…

La exposición narrativa de este período se complementa con las pequeñas biografías que Bonet ha escrito sobre cada uno de los poetas antologados, un elemento fundamental porque la vanguardia no sólo fue poesía. También, y quizá más, fue aventura existencial, y por eso en esta selección aparecen poetas que quizás tienen más méritos vitales que líricos, una muestra de esas personalidades magnificadas por la ilusión creadora, indispensables para entender lo que fueron esos años de radicalismo, euforia y redescubrimiento de América Latina.

Siempre he sentido admiración y gratitud por los españoles que se apasionan por América Latina. Son ellos quienes ayudan a crear ese puente de palabras que une a los dos continentes. Y eso también es Tierra negra con alas: una prueba de los contagios y asimilaciones artísticas, una reconstrucción de esos canales que estimularon la fantasía y previnieron nuestra soledad.

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2020-01-03T00:00:24-05:00

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“Tierra negra con alas” y el puente entre Europa y América

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