Por: Aura Lucía Mera

Tierra y educación

LEYENDO ALGUNOS ARTÍCULOS SObre el origen, el entorno y la infancia que le tocó vivir al Mono Jojoy, lo que fue toda su vida hasta su sangriento final...

LEYENDO ALGUNOS ARTÍCULOS SObre el origen, el entorno y la infancia que le tocó vivir al Mono Jojoy, lo que fue toda su vida hasta su sangriento final, no puedo menos que pensar que la única solución que tenemos los colombianos a estas décadas de sangre, violencia y muerte, en que la mayoría hemos crecido, nuestros hijos y nietos también, la única forma de poner fin a esta absurda lucha fratricida que nos lleva a festejar una muerte, a ignorar otras, a acostumbrarnos a muchas y a seguir el derrotero de violencia todos los días a través de las noticias radiales y televisadas, es realmente apostarles a la educación, a regresar las tierras a todos los campesinos desplazados y a ofrecer igualdad de oportunidades a todos nuestros hermanos de patria.

Ningún país, menos el nuestro, puede seguir con semejantes inequidades económicas y sociales. Mientras nuestras ciudades se atiborran cada día con más familias sin trabajo, sin techo, sin comida, sin salud y sin ningún tipo de bienestar, nos será imposible erradicar la violencia, las pandillas, los movimientos subversivos, los narcotraficantes, los sobrevivientes al margen de cualquier ley.

Ningún país con sus necesidades básicas satisfechas se pone en pie de guerra o se refugia en los montes para obtener el poder y el sustento a través de la lucha armada, el secuestro, los crímenes atroces ni actos de barbarie. Personalmente estoy convencida de que si hace más de cuarenta años los dirigentes políticos de entonces hubieran dedicado atención y dirigido sus políticas hacia una sociedad más justa, esta guerra fratricida que convirtió antiguos líderes revolucionarios en genocidas y narcotraficantes, se habría podido evitar. Si desde los ingleses salones del Jockey Club, mientras se miraba por el espejo retrovisor con una copa de coñac francés en la mano a los incipientes “tirofijos” de entonces, nuestro destino hubiera sido otro.

Sé que es inútil llorar sobre la leche derramada y estas décadas de sangre y continua violación de todos los derechos humanos ya no se pueden borrar de nuestra historia, una historia triste, de violaciones, de muertes, de secuestros, de asesinatos, de reclutamiento de menores y tantas cosas vergonzosas. El pasado siempre nos perseguirá como una sombra atroz. Porque hubiéramos podido lograr algo diferente. Y no lo hicimos. Ya es tarde para volver a empezar.

Pero nunca es tarde, y en esto confío en este cuatrienio que empieza con pie derecho y voluntad firme de cambio del presidente Juan Manuel Santos, que sí podemos unirnos todos y trabajar mancomunadamente, cada uno desde la posición que le corresponda, a cambiar la vida de esos millones de compatriotas que no tienen hasta el momento más en su haber que un horrendo y triste presente y un no por todo futuro. Empresas con real responsabilidad social. Gobiernos municipales y departamentales con vocación de honestidad y servicio. Un Congreso con ética. Regreso de las tierras robadas por los paramilitares, los narcotraficantes y políticos corruptos a sus  dueños originales. Atención a una verdadera educación primaria, secundaria y oportunidades de carreras intermedias. Salud y vivienda.

 No es solamente matando a un hombre que se convirtió en monstruo porque la vida misma lo llevó a ello como se solucionarán los problemas. Cuántos jóvenes están en este momento empuñando las armas simplemente porque no tienen otra alternativa de vida. Cuántos más tienen como único horizonte el atraco y la violencia, la prostitución o  el negocio de las drogas. Somos responsables cada uno de nosotros. Ya es tiempo de iniciar un verdadero cambio de escenario. Colombia no resiste más violencia. Es hora de crecer.

 

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