Por: Luis Carvajal Basto

Timidez en las medidas anti crisis

Las que se han tomado para estimular la demanda no parecen suficientes  para conjurar la crisis.

La forma en que han reaccionado las autoridades económicas difícilmente se traducirá en un aumento de la demanda. Es cierto que las razones son externas y sobre ellas resulta difícil actuar. Aún así es bastante lo que queda por hacer para mejorar la competitividad  de las exportaciones  y/o mejorar la demanda interna.

La caída en las compras de Estados Unidos, Venezuela y Ecuador, tiene orígenes diferentes. En el primer caso se trata, en lo fundamental, de la dinámica del mercado, en los otros de casos típicos de proteccionismo.

Aunque la no aprobación del TLC es  imputable a la presión de sindicatos norteamericanos en la campaña Presidencial para defender privilegios que Obama Presidente quiere desmontar, como en el caso de la industria automotriz, y que Hilary Clinton anunció la reactivación del  tratado, falta bastante para que nuestros exportadores reciban sus beneficios. ¿Y mientras tanto?

Con Venezuela y Ecuador a la reducción de la capacidad de pago, se suman argumentos de política. Chávez le puso cupos a las exportaciones de automóviles Colombianos reduciendo en un tercio sus compras. Eso es proteccionismo del peor y alguien debería denunciarlo internacionalmente. Lula y Kirchner, que enfrentan un problema similar, lo han debatido públicamente, pese a sus coincidencias ideológicas.

La respuesta de las autoridades, que puede ir desde la presión internacional hasta la devaluación inducida y claros premios a las exportaciones, si toca, ha sido excesivamente formal y moderada, hasta ahora. Por otra parte, los estímulos a la demanda interna parecen seguir esa línea de conducta. Los planes de anticipar el gasto público siguen encontrando  problemas de ejecución y sincronismo con los gobiernos de las entidades territoriales.

Lo mismo va ocurriendo con el manejo dado a los precios de los combustibles. La rebaja de 400 pesos a la gasolina es una respuesta extemporánea y tibia que no sirve al gobierno, las finanzas públicas ni a los consumidores.

Los incentivos a la compra de vivienda, una rebaja temporal en las tasas de interés, parecen diseñados con un criterio excesivamente técnico que no se iguala a la gravedad de la crisis ni al momento político. Los niveles de encaje y no tanto la  falta de liquidez o la morosidad en la cartera, tienen las tasas a rondando el 20%, bastante por encima de la interbancaria.

Las medidas anunciadas para fomentar la compra de vehículos no se han sentido ni la demanda ha reaccionado. Queda la impresión de que el gobierno y el Banco de la República no se han jugado a fondo para afrontar la crisis. Nuestro déficit fiscal no es exagerado, comparado con lo que ocurre internacionalmente, y con la caída de la demanda no va a tener que esforzarse tanto el Banco para controlar la inflación, pudiendo priorizar otras variables en esta coyuntura.

Es oportuno el colchón de seguridad que se intenta establecer con la solicitud de un crédito de 10.000 millones de dólares al FMI. Vale la pena insistir otro tanto, por una única vez, con uno similar al Banco de la República, para usar  parte de las reservas y confrontar la crisis. Parece llegada una hora en que  la eterna dualidad entre lo técnico y lo político, debe ser resuelta por el pragmatismo con que debemos responder a una situación excepcional. Para comenzar, salir de la cartilla.

 

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