Por: Tulio Elí Chinchilla

Tiples en Envigado

"UN TIPLE Y UN CORAZÓN, SON LOS haberes que tengo", cantó José A. Morales.

También había trovado al Tiplecito Viejo, orgullosamente bautizado como “Faraón”. Con ese sentimiento la corporación Cortiple (con sede en Envigado) celebra este año el XV Encuentro Nacional del Tiple. Durante cuatro días —del 30 de junio al 3 de julio— los cultores, estudiosos, investigadores, lutieres y amantes del tiple se concentrarán a gozarse la multiforme magia que se teje alrededor de nuestras doce cuerdas sonoras.

El certamen congrega a delegaciones de tipleros provenientes de todas las regiones de Colombia. En su decimoquinta edición, el Encuentro Cortiple ha convocado a veinte agrupaciones que muestran los diferentes roles musicales del tiple: acompañante de voces, respaldo rítmico-armónico de otro instrumento melódico, instrumento principal, y solista. Pero en el presente año el atractivo central será un coro de tiples, experimento inédito que intentará ensamblar a quince instrumentos que representan las diversas ramas de la familia del tiple colombiano: el tiple requinto (afinado en Do y en Si bemol), el tradicional tiple santandereano (afinado en si bemol), y el tiple actual afinado como guitarra (en do). Como invitado internacional ha venido el grupo “Ensamble Claro Oscuro” de Venezuela.

A la realización de este evento se han sumado algunas entidades públicas y privadas regionales que se toman en serio la Ley 997 de 2005 cuando proclama al tiple como “patrimonio cultural y artístico de la Nación, símbolo y expresión de nuestra música y folclor”. En contraste, al consultar la página web de Cortiple se advierte que este año el Ministerio de Cultura no hizo presencia alguna en el encuentro. Cabe recordar que el art. 2º de la citada Ley reza: “La Nación a través del Ministerio de Cultura, contribuirá al fomento, promoción, protección, desarrollo, divulgación y financiación de los valores culturales de la música andina representada en el Tiple como instrumento autóctono Nacional”.

La programación del Encuentro incluye siempre una Gala Infantil y Juvenil para mostrar la nueva generación de intérpretes del tiple. Se anuncia, entre otros, al grupo infantil “200 de cilantro” de Santander y también a jóvenes ganadores de festivales (verbigracia, el intercolegial Antioquia le Canta a Colombia).

Son estos eventos culturales una buena y gratuita alternativa a los espectáculos masivos en los que se venden muy caras las actuales baratijas musicales del momento. Sin embargo, a pesar de tan valiosos esfuerzos, el tiple colombiano todavía está muy lejos de conquistar el alma de públicos mayores, especialmente juveniles. Será difícil lograrlo mientras nuestro cordófono tradicional no modernice su timbre y no se acerque a la sensibilidad auditiva de los jóvenes de nuestros días, tan influenciados por la sonoridad electrónica. El excesivo purismo en esta materia levanta barreras. La fusión entre el pop de calidad y las expresiones tradicionales (con su rica instrumentación) no sería nada censurable si contribuyera a superar el estancamiento de la música andina colombiana y sus ladrilludos productos para élites cultas.

 

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