Por: Gonzalo Silva Rivas

A tiro de gol

Organizar un evento deportivo de la talla de una Copa Mundo, como lo hizo Brasil el año pasado, o los Olímpicos de verano que alista para 2016, o la cumbre de selecciones americanas que acaba de prenderse en Chile, no deja de ser un gran logro para los países anfitriones y una victoria internacional.

Tiene sus réditos -como cuando un equipo adelanta líneas- y se reflejan en este caso en modernización de infraestructura, posicionamiento de imagen e incremento de flujos turísticos.

En el caso brasilero, los estimativos sobre turistas recibidos, gracias al mega evento futbolístico de 2014, rondaron por los 550.000, con un cálculo de divisas por consumo superior a los US$3 mil millones. Cerca de 3.600 millones de personas tuvieron los ojos puestos en el certamen, y las autoridades cariocas proyectaron -un par de meses después de su clausura- un aporte al PIB superior a los US13 mil millones, unos US$1.500 millones por encima de la inversión realizada en infraestructura y conectividad, sectores en los que el gigante suramericano dio un salto cualitativo.

Brasil se posicionó ese año como el principal receptor de turismo de la región e ingresó al top 10 mundial en las tendencias de viajes de negocios y de recursos naturales y culturales, y ahora espera rematar la faena durante ese segundo tiempo de popularidad mediática que le deparará la realización de las olimpiadas de Río de Janeiro, previstas para agosto de 2016.

En Chile, si las cuentas les resultan claras tanto a gobierno como a empresarios, la Copa reactivará una frágil temporada vacacional, azotada por las bajas temperaturas de invierno, gracias a la inyección de turistas provenientes del exterior que -en algo más de cien mil personas- se movilizarían por sus distintas provincias, y que en plata blanca podrían dejarle ingresos cercanos a los US$60 millones. Al coyuntural auge de divisas se encadenarán los dividendos producidos por la atípica demanda de viajeros internos, incluidas las colonias de inmigrantes –casi un 3% de la población nacional-, que se desbordan por las ocho ciudades elegidas como sedes de los partidos.

Las proyecciones de la bonanza se inclinan con mayor impacto hacia el comercio, con un aumento en las ventas del 35%; la hotelería, del 20%, y el sector de los restaurantes, con el 10%. Otros ganadores serán las líneas aéreas, cuya demanda de servicios se multiplicará ante el continuo desplazamiento de turistas, oleadas que habrán de extenderse durante el período posterior al torneo. Y buena suma de dólares ingresará por derechos de televisión, merchandising y entradas por boletería, estas últimas del orden de los US$25 millones. La dinámica económica se alimenta por variados canales y revitaliza la inversión pública.

El evento arrancó dando sus primeros resultados en el campo interno, al aquietar las alborotadas aguas del descontento popular que días antes rebosó las principales calles urbanas, al paso de estudiantes, profesores y conductores de transporte. Beneficiados, la presidenta Bachelet, blanco de caldeado debate por casos de corrupción, quien pisó el área de candela pero no recibió rechiflas durante la ceremonia inaugural. Y en general, el bello país de la franja larga, cargado de maravillosos atractivos, que se imbuyó dentro de un pintoresco ambiente fiestero y le anunció a los visitantes que a lo largo del mes solo habrá ánimos para hablar de achiques, gambetas, voleas y, por supuesto, de chilenas.

Chile -que entre octubre y noviembre próximos será anfitriona del Mundial Sub 17- invirtió algo más de US$75 millones para la adecuación de infraestructura y remodelación de estadios. De seguro recogerá frutos a corto y a mediano plazo, y dejará en veremos la tarjeta roja a la mandataria. Los certámenes deportivos de connotación global se presentan como una oportunidad para obtener ganancias si se organizan sin pretensiones faraónicas, con los pies bien puestos en el terreno de juego y si se le pita el fuera de lugar a la corrupción. Además, el permanente despliegue mediático produce un positivo balance de costo beneficio y pone el destino -frente a los ojos de los turistas- a tiro de gol.


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