"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 10 horas
Por: Iván Mejía Álvarez

Título rojo

Ómar Pérez levantó la pelota y la puso en el segundo sector, donde apareció Copete para cabecear y marcar el tanto del título.

La jugada de laboratorio daba sus frutos y generaba para la escuadra una nueva anotación con pelota detenida.

Es cierto que Santa Fe fue más en la cancha de Pasto y en Bogotá, y que su título era el justo premio al equipo que más lo había intentado, que más había atacado y al que creó las mejores opciones de gol. Pero también es necesario recordar que Santa Fe no tenía fórmulas para romper la defensa impenetrable que había montado Flabio Torres, intentando hacer un partido largo, un juego que se dirimiera en los penaltis.

La pelota detenida fue clave en el título. Goles de Bedoya y Ómar Pérez en lanzamientos frontales, a los dos rincones, por encima y por fuera de la barrera, y cobros desde los costados, como el que envió Pérez, en Pasto, y que aprovechó bien Quiñones para el empate, o el gol que marcó Cabrera ante Chicó, también centro de Pérez, que significó una importante victoria en los cuadrangulares. En la final, cuando no se veía por dónde, otra vez Pérez la puso medida, Copete definió y el pueblo rojo celebró su ansiada estrella.

Más allá de la fina pegada de Pérez y Bedoya, de la capacidad rematadora de quienes se beneficiaron de los lanzamientos, queda también patente la inteligencia del técnico para potenciar un factor determinante en los triunfos. Porque los laboratorios hay que trabajarlos pacientemente, no son inventos de un instante durante el partido, corresponden a una búsqueda determinada de elementos que puedan compensar las carencias o los malos momentos individuales.

Wilson Gutiérrez también se apuntó un gran acierto con la determinación del módulo táctico. El año pasado, para llegar a las semifinales de la Copa Sudamericana, el técnico acudió a un 4-3 en defensa muy sólido. Este año, cuando vio la oportunidad montó los tres centrales con laterales-volantes como Otálvaro y Arias, con lo que consiguió darle más compañía a Pérez en el armado. Y en la final volvió a los cuatro defensores ante la ausencia de Centurión. Es decir, hay una ductibilidad táctica, un manejo de esquemas y figuras, un aprovechamiento de sus jugadores en posiciones que derivaron de mejores rendimientos.

Felicitaciones al mejor equipo del semestre, al justo campeón, a la dirigencia que reforzó y potenció el equipo en sectores claves, al técnico que inteligentemente manejó los momentos de crisis y salió avante, y a la plantilla que le entregó esa estrella a una bella afición que tiene todo el derecho a disfrutarla hasta la última gota, porque el que gana es el que goza.

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